Alfredo Di Stéfano vivió una aventura cinematográfica en el ’53, antes de ser la mayor gloria del Real Madrid, club con más de 130 años de historia. Atacante colosal, en los ’40, ’50 y ’60; un “9” velocísimo, gran técnica, más de 500 goles. Trayectoria: inferiores de River, 1944, al fútbol glorioso de los “Merengues” veinte años más tarde. La leyenda, a casi 70 años, remite al diario “El País” de Madrid con investigación del periodista argentino Andrés Burgo, vinculado al Mundo River, aunque con reserva de derecho sobre propiedad intelectual de Xavier García Luque y Jordi Finestres, españoles, autores de “Caso Di Stéfano. Toda la verdad”, editado en España.
En el ’47, Alfredo, apodado “La Saeta Rubia”, convirtió 27 goles en River. El torneo ganado de punta a punta, con 90 goles de un ataque donde brillaban también el “Charro” José Manuel Moreno, Ángel Labruna y Félix Loustau. Parte de “Máquina”, delantera de leyenda. La huelga de futbolistas de fines del ’48 y comienzos del ’49, primer conflicto impactante al gobierno popular de Juan Perón — Presidente de la Nación desde el 4 de junio del ’46—, llevó a las “estrellas” del fútbol argentino a un éxodo masivo. Di Stéfano, con otras glorias, recaló en Millonarios de Colombia. El “Ballet Azul”, equipo que ganó tres títulos sobre cuatro.
Adolfo Pedernera, siempre “El Maestro”, virtual jefe de la legión argentina, llevó, además de Alfredo, a Néstor Rossi, que en el ’56 estuvo en planes del Real Madrid; a Antonio Báez, talentoso mediocampista ofensivo de la generación de Di Stéfano, “Pipo” Rossi y Amadeo Carrizo, la célebre Cuarta División campeona en River de 1944. Todos notables.
En el ’53, el “Ballet Azul” disputó un amistoso en Madrid, Estadio Chamartín, luego Santiago Bernabéu, eterno dirigente del Real Madrid. Antes, club que no ganaba nada antes de la 2.ª Guerra Mundial, ciclo que significaba último éxito de los llamados “Merengues” madrileños. Di Stéfano la “rompió” en el amistoso y media Europa habló del “9” argentino que brillaba en Colombia. De 1,77 de estatura, 26 años —el “crack” argentino nacido el 4 de julio de 1926, zona sur de Buenos Aires, barrio de Barracas—, Di Stéfano asombró a Bernabéu por Real Madrid y a la dirigencia del Barcelona Fútbol Club, que propuso a Raimundo Saporta, miembro de la conducción, la adquisición del notable atacante.
Millonarios de Bogotá mantenía compromisos con River de la Argentina. Para la venta debía existir acuerdos de partes: el club comprador —sostuvo Burgo, tras consultar el “Museo River” y con testimonios de Rodrigo Daskal y Patricio Nogueira, los responsables por la entidad de los archivos riverplatenses. Barcelona logra el consentimiento del club colombiano y de River, primer “dueño” del pase de Di Stéfano. Se fija una cifra razonable para la época. Algo más de dos millones de pesos argentinos. Equivalentes a 150 mil dólares del ’53. Para tener una idea del mercado: mayo del ’57, River transfirió a Enrique Omar Sívori al Juventus, Italia, en diez millones de pesos.
El club argentino construyó la cuarta tribuna baja, Estadio Monumental, inaugurado en mayo del ’38, con una suma equivalente a 600 mil dólares, hace 68 años. Barcelona firmó papeles y Alfredo se estableció en Cataluña. No obstante, historiadores españoles confirmaron: las secuelas de la Guerra Civil entre 1936 y 1939 nunca cerraron. Habían pasado 15 años.
Santiago Bernabéu, reconocido presidente del Real Madrid, fuerte personalidad, ofreció resistencia. Conociendo su fama de apostador, buscó la solución del diferendo —los dos clubes grandes de España tras un mismo objetivo futbolístico—, hizo del recurso de las influencias políticas. El franquismo no estaría ausente. El Generalísimo Francisco Franco, el Poder en la Península desde 1939 hasta 1975, todo indica, hizo valer la dominación española en la cultura política donde el franquismo tuvo enfrente a los catalanes y los vascos. Esto es, Barcelona y el Bilbao en términos futboleros.
Di Stéfano quedó en el centro de la disputa. Al punto que la operación que llevó a cabo Saporta, por mandato catalán, empezó en mayo. Alfredo en septiembre estaba instalado en Cataluña. Barcelona ganaba en el ’53. Al año, el 9 iniciado en River, con un paso a préstamo en el ’46 en Huracán —donde también resultó destacado—, debutaba en el Real Madrid.
Entre 1954 y el ’64, Real Madrid, que no ganaba previo a la Segunda Guerra, Europa, invasión de Alemania a Polonia en el ’39, con Di Stéfano resultó ganador en ocho torneos de Liga; los “Merengues” ganaron cinco Copa Europa entre 1955 y 1960, una Mundial de Interclubes en el camino. Di Stéfano, dos veces Botín de Oro en Europa entre el ’57 y ’59.
Alfredo goleador, seis torneos de la Liga española, nacionalizado español en el ’56 —Santiago Bernabéu quería liberar cupo extranjero; llegaban Raymond Kopa, “estrella” en Francia, y Férenc Puskas, el mejor jugador de la historia de Hungría—, lo que puso a Di Stéfano algo así como lo que hoy es Lionel Messi en el “Blue” catalán. El dueño del club. Jugó 510 partidos. Convirtió 418 goles.
Los historiadores llevaron el pleito a viejas cuestiones políticas, ideológicas, culturales. La inmensa grieta entre el Poder franquista, ubicado en posiciones de la “derecha” conservadora española, y los republicanos catalanes, que vivían la influencia del comunismo en toda Europa. Di Stéfano, ajeno al drama español, firmó para el Madrid. Mal no le fue.
Considerado uno de los mejores futbolistas de toda la historia, con Edson Arantes do Nascimento, “Pelé”, Diego Maradona, Johan Cruyff y ahora Lionel Messi, la “Saeta Rubia”, dos veces Botín de Oro, 1957-59, sumando sus goles en River Plate, luego en Millonarios de Bogotá, supera los 500. Está en la cima en cien años de historia.
Entre tantas anécdotas del gran Alfredo, que hizo todo en un cuarto de historia, con 1,77 de estatura y 75 kilos, en uno de los viajes a la Argentina, la revista “Sport”, de la Editorial Atlántida, regaló a sus lectores cuatro páginas ya en el retiro, 1966 o por ahí.
De la extensa nota a cargo del periodista Julio César Pasquato, “Juvenal”, admirador de Alfredo, redactor de la Revista River en su primera etapa como escriba, viendo los comienzos de Di Stéfano, recogió una sentencia: “Mi quintita tiene 100×70”, cuando “Juvenal” lo llevó al tema de los cambios tácticos y la reducción de espacios.
En otro orden, ante tanta gloria recibida en distintos continentes, la “Saeta Rubia” respondió: “Siempre pienso que todo se lo debo al fútbol. Haber llegado tan lejos, conocer tantos países y gente importante. Por eso mandé a construir en mi casa una estatua con gente que sabe, escultores. Una pelota grande con una inscripción: ‘Gracias Vieja’”, como sentencia.
Edson Arantes do Nascimento, inmortal “Pelé”, quizá el más completo de todos —el doble salto, la gambeta con dos perfiles, cortando para los dos lados; la definición—, con amistosos, en Brasil lo subieron al pedestal de los 1.000 goles, en 1969. No jugó en Europa. En su apogeo, 1958/70, Brasil, con la magia de “Pelé”, ganó tres Mundiales. Pero no jugó en Europa.
El holandés “volador” Johan Cruyff, nacido en Ámsterdam en 1947, quizá el mejor de todos los europeos en el siglo. Vertical, gambeta en velocidad, valiente, superdotado. Antes de Diego Maradona brilló en el “Viejo Continente” entre 1970 y fines de la década. En Barcelona, desde el ’73, deslumbró.
Por todo lo que pasaba en la Argentina, no quiso jugar el Mundial ’78. Tampoco el zurdo Van Hanegem, luego titular del Sindicato de futbolistas de su país, argumentó su deserción por “la dictadura militar, los ‘desaparecidos’ y asesinatos”. En Holanda, Willie Van Hanegem, hoy 82 años, por aquel gesto, es considerado un héroe. Cruyff falleció joven.
De Diego Maradona y Lionel Messi sabemos todo.
Quizá, desde lo cultural, Diego podría haber sido el “hijo no biológico” de Enrique Omar Sívori y “La Pulga” Messi, el “nieto” de la gloria de River, 1954/57, la Selección del Sudamericano Lima, Perú, y luego de la Juventus de Italia 1957/65, tres títulos de Liga y el “Botín de Oro”, 1961. El inmortal «Cabezón» Sívori con las medias caídas y gambeta infinita. Falleció en 2004 poco antes de cumplir 70 años. La lista se agranda en una segunda fila: Franz Beckenbauer, la leyenda de Alemania, Sívori ya dicho, Miguel Platiní, otra leyenda, en este caso de Francia. Le sigue el húngaro Férenc Puskas, 500 goles y nuestro «Kaiser», Daniel Passarella. Los últimos con un cañón en la zurda.
*Columnista de La Señal Medios, «Mundo Amateur» (Víctor Lupo), Agencia Nacional y Popular, AGN-Prensa y De Memoria.
*José Luis Ponsico