Por Redacción
Javier Milei inauguró, el último domingo, el 144° Período de Sesiones Ordinarias ante la Asamblea Legislativa. Con discurso auto celebratorio y con ataques sobreactuados a legisladores y legisladoras de la oposición, el libertario ratificó el modelo económico protector del capital y reiteró el libreto que esgrime desde hace más de dos años. La diatriba violenta sirvió para desviar del eje de atención sobre una narrativa vacía que no tiene logros efectivos para demostrar que sean favorables para el conjunto de la población.
El discurso del libertario funcionó como un guión de propaganda destinado a defender su gestión y legitimar el programa de ajuste. En este contexto, anunció una serie medidas orientadas a gestar reformas estructurales. No obstante, el súbdito de la oligarquía, omitió brindar detalles sobre el contenido de los proyecto de ley que presentará este año en el recinto. Del mismo modo, volvió a exponer su aversión a la Justicia Social, su desprecio al peronismo y su alineamiento anti-nacional.
Durante su exposición, reiteró que «hace dos años estábamos atrapados sin salida en un eterno presente que destruía nuestra fe y la de nuestros hijos. Sin embargo, hoy volvemos a mirar al futuro con esperanza, sabemos que hay un camino hacia delante y que es posible tomarlo». En la misma línea, expresó: «hoy no sólo dejamos de sentirnos como unos perdedores, sino que además sabemos que podemos hacer a la Argentina grande nuevamente».
Sobreactuado, el libertario sostuvo que «lo que ha sido uno de los períodos de sesiones extraordinarias más productivos de nuestra historia», y remarcó que se cumplió «con todas las promesas de campaña». Asimismo, trató de explicar que «tenemos el Congreso más reformista de la historia y la fuerza suficiente para hacerle frente a cualquier golpe político que quieran llevar adelante», y agregó: «Nunca el Congreso tuvo una composición tan reformista como esta».
En materia económica, ratificó el corazón del programa de ajuste: «Lo más importante es seguir defendiendo con uñas y dientes el equilibrio fiscal y una política monetaria restrictiva que permita terminar de una vez y para siempre con el flagelo de la inflación». La exposición evitó cualquier referencia al deterioro del salario real, a la contracción del consumo, a la destrucción de empleo formal y al agravamiento de la situación social.
El mandatario defendió las principales normas impulsadas por su administración y su defensa al capital. Subrayó que «sancionamos la ley de inocencia fiscal, donde después de años de saqueo de la política, donde el pagador de impuestos era culpable hasta que se demostrara lo contrario, hoy hemos revertido esa atrocidad, y los argentinos han vuelto a ser inocentes hasta que se demuestre lo contrario».
Milei indicó: «reformamos la ley penal juvenil, modificando así un régimen penal obsoleto que tenía ya 45 años de antigüedad, porque sin orden ni justicia no hay futuro posible». Del mismo modo, tribuneó y provocó a la clase trabajadora: «Aprobamos la ley de modernización laboral que viene a barrer con un delirio sancionado hace cincuenta años, inspirado en ideas cavernícolas de hace ochenta, y que dejó a la mitad de los trabajadores en el mercado informal. Además, está ley permitirá que el mercado de trabajo pueda estar en línea con una economía que está siendo testigo de la mayor transformación de la historia».
En política comercial y relaciones exteriores, el libertario celebró la entrada en vigencia del entendimiento entre el Mercosur y la Unión Europea y el alineamiento con los Estados Unidos. En esa línea, se volvió a copiar a sí mismo al afirmar burdamente que «estábamos aislados, solos y temerosos del resto del mundo, y por eso nuestra economía era pobre y frágil», y agregó: «a partir de ahora, y por voluntad de los argentinos que así lo expresaron en las urnas, tenemos la fuerza para empezar un nuevo capítulo de la historia argentina».
Desde una formulación ideológica, el mandatario sostuvo: «Nuestro planteo de apertura comercial se basa en un fundamento moral que señala que coartar la libertad está mal, robar está mal y la corrupción está mal. Es hora de abrazar la moral como política de estado».
