«No quiero limosnas
No soy un mendigo
Sueño con un sueño
Que me está prohibido»
Milo J
No se trata de entender. Al menor eso no es todo. Se trata de ver lo que está ahí y es negado. El liberalismo, su aparato cultural y psicopolítico, es negación de la existencia. No hay que darle demasiada vuelta al asunto. Es por ello que muchos no logran dimensionar qué significado tiene en la historia de la clase trabajadora el 17 de Octubre de 1945. Sí, el pasado que está a la vuelta de la esquina. Un presente intenso, vacío de contenido, un futuro incierto que parece estar prohibido. No se trata sólo de una fecha. Eso que parece todo es algo mucho más profundo, no proviene del barro, viene de las entrañas propias de la historia, pero no de esa historia científica, deformada y estéril, sino de la historia de una humanidad de carne y hueso que se escapa de los renglones del libro, que es la calle, la tierra, la Pampa, el tiempo.
A los intelectuales de tinta fría y falsa neutralidad les gusta catar los procesos nacionales con paladar inglés. La suma de la colonización cultural no da cero: proyecta una cifra de datos que se diluyen en la distinción de lo impropio, de inauténtico. El símbolo no siempre se puede hacer palabra. ¿Cuál es el significado de la degradación humana cuando una, miles de personas, hurgan en la basura para hallar un resto inhumano de supervivencia? No se trata solo de las condiciones materiales. Los no están ahí no lo van a comprender. Una vez que el ojo del amo se abre, es esclavo intelectual pretende que su análisis sea universal, aunque no le pertenezca y se lanza a contar la historia, con las palabras emparchadas con el prisma del pirata.
No hay narrador que le haga un guiño a la razón y cuente lo que es desde la comisura de su memoria. Entonces, no es casual que todo se vuelva escepticismo. La religión liberal necesita alimentarse de lo que cace el nihilismo en la selva material. Si la gente no cree en nada, la razón material encuentra terreno fértil para abonar la hiedra de la desmoralización y así colonizar corazones y mentes. El trillado argumento del individualismo extremo, fatídico y egoísta, justifica la disolución del presente con la destrucción de la historia. En la colonia, la persona humana abandona lo que es para dar paso a lo inauténtico y se insectifica. La era del liberalismo es la de la infelicidad.
El último sábado se estrenó en televisión abierta el documental Lealtad a la Justicia Social, de los realizadores Walter Peña y Nicolás Cuiñas. La obra audiovisual sale de lo convencional y se sumerge en el corazón de la celebración popular para dar cuenta de la expresión del Pueblo profundo, real, auténtico. Cada testimonio que aparece en el film dota de sentido humano a la expresión Lealtad. Sin embargo, al mismo tiempo, las imágenes arman el espacio sensible donde el Justicialismo asume su rol político como revolución de la Felicidad. El peronismo no sólo fue un Movimiento Nacional de Liberación, fue la expresión existencial de la clase trabajadora que, a través de la experiencia histórica, liberó a la Argentina, a sus mujeres y hombres, de las ataduras coloniales del liberalismo. Pero al mismo tiempo, permitió al Pueblo asumir su identidad humana desde su propia espiritualidad nacional.
Así como Leonardo Favio logró imprimirle al cine argentino una estética del nosotros, que proviene del corazón mismo de la comunidad nacional, Peña y Cuiñas trasladan a la pantalla la sensibilidad de lo popular desde la cultura del pueblo trabajador. De este modo, la producción audiovisual prioriza la estética de lo sensible para humanizar la narración. El relato se torna natural y perfora la pantalla, porque las palabras no surgen de la prefabricación del discurso: la palabra es sentido, humanidad y razón situada. No es la historia adormecida la que habla, lo hacen hombres y mujeres, de carne y hueso, que cuentan el Nosotros del 17 de Octubre, a través de experiencia terrenal.
El diálogo constante entre pasado y presente permite dilucidar que los verdaderos protagonistas de esas jornadas intensas son las y los trabajadores. La intensidad dramática, que hace comulgar las imágenes de archivo con la inteligencia artificial, crea el clima perfecto para que la narración no devenga en la transitoria expresión del documental convencional. En las creaciones de Peña y Cuiñas siempre hay algo más. No se repiten, aunque persista el estilo distintivo, sobre todo en el foco que recae sobre quienes dan su testimonio. La particularidad está en el sutil encanto que la iluminación crea en torno al narrador, quien habla, deja de ser un personaje, un intérprete y se asume como un protagonista humanizado de aquello que cuenta. Así, en la construcción general del film, el pasado vuelve a casa, no como un fantasma que se redime a través de la anécdota nostálgica, sino como encarnación tangible de la realización humana. No hay fantasmas en este documental, hay personas.
El 17 de Octubre fue una celebración de la resistencia, de la creación política, de la humanidad nacional. Es lo que los realizadores proyectan. Lo creativo resplandece cuando irrumpe el fanatismo de la argentinidad manifestada en los rostros de millones de trabajadores y de personas humildes que tanto ayer como hoy ponen, de verdad, su grito en el cielo. No piden clemencia. Piden Justicia. No caen en el sentimentalismo de la redención: reivindican lo que son y lo que somos. Ese grito no es violento: es un grito de amor. Nadie puede ser feliz sin amor. Y el peronismo recoge ambas experiencias, la del amor y la felicidad, como realización del Ser Nacional. Por esto, aquella fecha no puede ser catalogada ni interpretada desde el oscurantismo académico, sino desde la visión humana. Desde allí, la obra del arte que presentaron Peña y Cuiñas se cuenta sola, aun con mayor profundidad porque ellos no se ponen por encima del relato. La cámara nunca se eleva por sobre los protagonistas, siempre mira a los ojos y esos ojos están libres de atadura, aunque el drama los circunde.
El liberalismo es darwinista, en cualquiera de sus facetas. Es inhumano. Por eso, el 17 de Octubre no es un refugio de la historia. Es la Historia y es Humanidad. Es Amor y es Felicidad, pero no desde una perspectiva sentimental, sino existencial. El insufrible y pedante fundamentalismo cientificista no está en condiciones de comprender lo que realmente es el peronismo. En tiempos donde la insensibilidad insectifica al individuo, lo despoja de identidad, lo hace inauténtico, una obra como la que se estrenó el último sábado abre las puertas sensoriales de una historia que suele expresar sin presente y sin futuro por los esbirros del nihilismo colonizante.
Nunca fuimos refugiados de la historia. Los refugiados de la historia terminaron por ser quienes se adormecieron en los brazos de la dialéctica para negar el protagonismo del Pueblo de trabajo en la constitución de su propio camino. Esos profesores de la titulación que legitimaron y legitiman a los colonizadores y a los colonos de la historiografía de la deshumanización. El 17 de Octubre fue la celebración que rompió con el encadenamiento de los sueños prohibidos. Fue el encuentro del Pueblo con su hedor, con su humanidad, con su Nosotros.
*Por Gustavo Ramírez 