Opinión

Hacia la construcción de una épica

*Por Osvaldo Jara

La Selección logró uno de los triunfos más importantes de su historia en el Maracaná. El equipo de Scaloni le devolvió la autoestima al país futbolero en base a personalidad y entrega. Razones de una actuación de dimensiones heroicas.

El pitazo final del uruguayo Ostojich clausuró veintiocho años de sequía. El Maracanazo argentino es uno de los hechos deportivos más resonantes de estos tiempos. La última gran victoria de nuestro fútbol había sido la Copa América disputada en Ecuador (1993).

Las calles y plazas de todo el país se colmaron de compatriotas. La algarabía se desató de manera espontánea, en los barrios hubo celebración colectiva sin distingo de edades. Distintas generaciones confluyeron en una verdadera fiesta popular.

La conquista de esta copa tiene una dimensión simbólica singular. La larga espera de campeonatos fue uno de los argumentos para originar este estado, aunque no el único. El clima festivo se fundamenta en más de una causa.

 La patria futbolera

Aquella conquista en Ecuador fue parte del ciclo de Alfio Basile, el técnico que le dio los últimos triunfos más importantes al fútbol argentino. La Copa América de Chile en 1991 fue el inicio de un proceso exitoso. Superó a todos los equipos en su grupo y ganó la ronda final. Contó con jugadores como Sergio Goycochea, Sergio Fabián Vázquez, Oscar Ruggeri, Darío Franco, Leonardo Astrada, Diego Simeone, Leonardo Rodríguez, Gabriel Batistuta y Claudio Caniggia.

Dos años más tarde repitió la conquista en tierra ecuatoriana con la incorporación de jugadores como Jorge Borrelli, Alejandro Mancuso, Fernando Redondo, Alberto Acosta y Ramón Medina Bello, entre otros. Si bien no tuvo la eficacia de la edición anterior prevaleció ante sus rivales; ganó dos partidos y empató cuatro.

La Selección Nacional también obtuvo la Copa Rey Fahd (1992),  la Copa Artemio Franchi (1993), además de conseguir un invicto de treinta y tres partidos. En las Eliminatorias 94’ tuvo una insatisfactoria performance, incluyendo un doloroso traspié ante Colombia (0-5). Esta derrota obligó a la vuelta de Diego Armando Maradona, pedido por todos los argentinos. El repechaje ante Australia le dio la posibilidad de jugar el campeonato mundial.

El equipo del “Coco” no sólo obtuvo buenos resultados sino que también logró una impronta, forjó una identidad más allá de los nombres. Ni siquiera la dolorosa derrota con Colombia cambió la idea, todo lo contrario. La suspensión de Diego Maradona por doping derrumbó al equipo en el Mundial.

Luego de este ciclo le seguirían una larga sucesión de frustraciones en competencias continentales e intercontinentales. Dos medallas doradas olímpicas atenuaron los sinsabores, aunque no resultaron suficientes.

Pasaron muchos técnicos, de distinta trayectoria y con miradas de juego diversas. Se probó con entrenadores consagrados, pero no lograron consolidar un proyecto. José Pekerman armó un seleccionado que tuvo una buena sintonía de juego con futbolistas formados bajo su dirección. Sin embargo, no pudo coronar su trabajo debido a la eliminación por penales ante Alemania en el Mundial de 2006.

La experiencia de Alejandro Sabella también fue buena; llegó a la final de la Copa del Mundo en Brasil (2014) con buenos rendimientos. Àngel Di María, Sergio Agüero y Lionel Messi estuvieron muy cerca de lograr la consagración.

El inicio de un proceso

El Mundial de Rusia (2018) dejó un sabor amargo para el fútbol argentino. La eliminación en octavos ante Francia fue el corolario de un proceso frustrante. La dirección de Jorge Sampaoli estuvo signado por conflictos internos, malos resultados y críticas unánimes. Pero de esa decepción surgió un nuevo camino.

Claudio “chiqui” Tapia le dio la responsabilidad a Lionel Scaloni, un joven técnico que jugó en la Selección Nacional y desarrolló casi toda su carrera en España. Fue parte del ciclo Sampaoli y sobrevivió al naufragio continuando su trabajo en las juveniles. En 2018 ganó el Torneo de ´Alcudia con la Sub-20 y asumió de manera interina la mayor. Las buenas actuaciones le permitieron continuar hasta la Copa América de 2019, disputada en Brasil. Si bien tuvo una floja actuación obtuvo el tercer puesto al vencer a Chile por 2 a 1.

En este periodo hizo un paulatino recambio, respaldándose en talentos como Leandro Paredes, Rodrigo De Paul,  Giovanni Lo Celso y Lautaro Martínez, entre otros. Probó futbolistas y sistemas de juego, una de las principales características del técnico argentino fue armar el equipo en función de la actualidad de sus intérpretes.  Lionel Messi fue el único con participación asegurada.

Lionel Scaloni recibió las peores críticas desde el inicio, incluso de sus propios colegas. En estas últimas semanas un grupo de periodistas promovieron su renuncia a viva voz. El técnico de River, Marcelo Gallardo, se sumó a esta operación cuyos detalles no terminan de descubrirse.

La construcción de la épica

La Copa América que acaba de finalizar se realizó bajo innumerables circunstancias. La pandemia y el clima de tensión social en buena parte de la región hicieron peligrar el certamen. Sólo los intereses económicos y diplomáticos de la Conmebol (y políticos de Jair Bolsonaro) posibilitaron la organización del certamen. La dispar logística de los seleccionados, la designación de estadios de apuro y el mal estado de los campos de juego son imágenes del mismo cuadro.

En este escenario el Seleccionado Nacional se arrojó a una nueva esperanza. Con una base consolidada enfrentó a rivales de buen rendimiento como Chile o Paraguay. En todos los encuentros tuvo superioridad futbolística, aunque el volumen de juego nunca se sostuvo en el tiempo.

Más allá de lo estrictamente futbolístico el equipo fue moldeando su personalidad. Una actitud que va más allá de la disposición de los jugadores en la cancha y de la estrategia. Tuvo que ver con el convencimiento de jugar a la altura de las circunstancias.

Se desarrolló la construcción de una épica, evidenciada con mayor pregnancia en las instancias finales.  Las manos de “Dibu” Martínez en los penales frente a Colombia terminaron de plasmar esa sensación. Pero una mística no puede ser ratificada sin un logro.

La final en el Maracaná anunciaba el desenlace de una epopeya, Brasil ostentaba toda clase de récords. Entre las más importantes se encontraban los veintiocho partidos invicto como local, los triunfos cariocas en las últimas cinco finales de Copa América que disputó y victorias ante Argentina. Ganar en ese contexto y en ese escenario implicaba hacer Historia.

El gol de Ángel Di María es la imagen que esculpe una épica. La de consolidar un equipo, la de lograr una identidad, la de tener un convencimiento y amor propio. La de derrotar al candidato deportivo y extra deportivo. La de generar un desborde popular de dimensiones incalculables.

Una vez finalizado el encuentro los argentinos salieron a las calles impulsados por una emoción irrefrenable. Las calles y plazas de todo el país fueron inundadas espontáneamente y sin ningún tipo de reparos. La alegría popular no se debió solamente a la gran victoria ante su clásico rival, También fue el convencimiento de un equipo que entendió como ninguno la importancia de esta copa.

Argentina es campeón de América luego de veintiocho años. Lo hizo ante Brasil, en el Maracaná y con algo demasiado parecido a la épica.

 

 

 

 

*Periodista/ Autor de los libros Peronismo y Deporte I y II

13/7/2021

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