Opinión

Habladurías Del Mundo

 

*Por Gustavo Ramírez

El Gobierno avanza sobre el desarrollo de la segunda parte de su plan de gobierno. El primero, con severos ajustes al pueblo y extremos beneficios para el ámbito financiero, fue catalogado en el frente interno de Cambiemos como el del Orden. Esta segunda fase intenta imponer a rigor de sangre y fuego el cambio estructural que conduce el país al vacío.

La arremetida intimidatoria que se vivió la última semana con allanamientos a sedes de organizaciones políticas y sociales en Córdoba. La nueva criminalización de los docentes a partir de una actividad socio-pedagógica que demandó la aparición con vida de Santiago Maldonado en la aulas. La impronta discursiva de empresario Presidente que aseguró frente al empresariado leal y anti-nacional que “no tenemos que aflojar hasta que desaparezcan las mafias que nos alejan del crecimiento y el futuro”, dan cuenta del proceso de descomposición social al que apunta el Gobierno.

El ataque a las fuerzas sociales que confrontan y resisten contra éste modelo económico es parte de un plan racional de gobierno. La segunda fase de dicha planificación apura los trámites para imponer la agenda de la reformas que los organismo de crédito usurero demandan. El campo a trastocar el previsional, laboral y fiscal. Para ello el Ejecutivo necesita la menor resistencia posible. Y allí concentra su batalla. Sin medias tintas va por las organizaciones sindicales.

Frente a la marcha del 22 de agosto el oficialismo se comportó como se comporta un boxeador canchero que recibe un duro golpe y en medio del ring se ríe de cara a su contrincante para no acusar recibo de lo certera y profunda que fue esa mano. La fuerza del Movimiento Obrero Argentino no es para despreciar y menos si esta gana la calle. La respuesta del Presidente fue mover piezas en su gabinete para agredir la política de Obras Sociales. Un golpe bajo que perjudica de sobremanera a los trabajadores.

En noviembre de éste año tendrá plena vigencia en Brasil la ley de flexibilización laboral que logró obtener el gobierno ilegal de Temer. El 60 por ciento, de un exiguo número de representación, de sindicatos corre el riesgo de desaparecer. Los trabajadores quedarán sometidos a un régimen de esclavitud posmoderno como franca ironía del realismo capitalista. Desde Cambiemos observan lo que sucede en el país del carnaval como un faro iluminador. Y se relamen.

Sin embargo la matriz social, política e ideológica de Movimiento Obrero en nuestro país dista de ser la endeble marca de sus homónimos en el resto de la región. Más allá de las discrepancias y pujas internas, la solides de los gremios nacionales puede medirse por su verticalidad orgánica. La mayoría de la dirigencia actual ha pasado por la experiencia del MTA y si bien la actual coyuntura es muy distinta – sobre todo por los agentes interpelados – a aquella realidad, la restauración neoliberal unifica criterios para el rechazo y el repudio.

Los incontenibles detractores del sindicalismo argentino suelen caer en el reduccionismo ideológico y desde allí no solamente se subestima a los dirigentes sino también a las bases que eligen a esos dirigentes. Sin la resistencia que propuso el frente gremial en éste último año y medio las políticas del gobierno habrían dilapidado cualquier expectativa social de la clase trabajadora. No es un tema menor si se observa por ejemplo el devenir del sindicalismo mundial. Volvemos a los ejemplos más contundentes como Grecia y Brasil. Allí el neoliberalismo se llevó todo puesto.

No obstante el la medición del pulso social no puede medirse solamente por la acción sindical. El conflicto no es gremial. Es político. Y el campo político opositor debe apartarse de actitudes sectarias. El campo nacional y popular no es patrimonio de una agrupación de ocasión, ni nació en el 2003. Tampoco se terminó en el 2015. La unidad de ese espacio no puede cerrarse entre grupos cortos. Es necesario incluir al conjunto del Movimiento Obrero para conformar un bloque homogéneo al menos en conformación de la resistencia al modelo. De lo contrario el avance sobre la justicia social nos puede herir de muerte.

 

 

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