García Cuerva llamó a poner la dignidad humana en el centro de la educación

Por Redacción

En el marco de la apertura del Congreso Argentino del Pacto Educativo Global, el arzobispo de Buenos Aires y canciller de la Universidad Católica Argentina (UCA), Monseñor Jorge García Cuerva, presentó los diez caminos que impulsan dicho acuerdo trazados por el Papa Francisco y las tres nuevas prioridades incorporadas por el Santo Padre, León XIV. El encuentro, que se desarrolló el último martes en la sede de la UCA, puso el eje en el rol de la educación frente a la desigualdad, la deshumanización y la violencia, con eje en la formación integral de las personas y el compromiso con el bien común.

García Cuerva explicó que «el Pacto Educativo Global tiene hoy 10 caminos, siete nos legó el Papa Francisco y tres los añadió el Papa León XIV. Esta ponencia propone recorrerlos uno por uno como un solo itinerario y descubrir, a la vez, la herencia agustiniana en los presentados por el Santo Padre León. En septiembre del 2019, Francisco convocó a escuelas, universidades, familias, religiones y gobiernos a una alianza muy amplia. Su convicción era sencilla y exigente. Los grandes cambios del mundo pasan por la educación y nadie educa solo. Decía Francisco: «Para educar a un niño hace falta una aldea entera», repitiendo un proverbio africano».

Del mismo modo, el arzobispo de Buenos Aires señaló que «siete años después, el 27 de octubre del 2025, en las vísperas del 60 aniversario de la declaración conciliar Gravissimum Educationis, León XIV firmó la carta apostólica «Diseñar nuevos mapas de esperanza». Allí, llama al pacto la estrella polar de la misión educativa. Recoge con gratitud los siete caminos como base y añadió tres prioridades: La vida interior. Lo digital humano. La paz desarmada y desarmante. Sumando 10, entonces, los objetivos del Pacto Educativo Global».

Asimismo, sostuvo que «la imagen que usa el Papa León XIV es la de la constelación. Cada escuela, cada universidad, cada carisma, es una estrella con brillo propio. Juntas trazan una ruta. Los 10 caminos no son una lista de tareas, son puntos de luz que, mirados en su conjunto, dibujan un mapa. Así, el pacto se vuelve «glocal»: lo global más lo local. Une el horizonte del mundo con la responsabilidad concreta del aula, del barrio y de la ciudad. Desde ese doble tablero local y global, quiero presentar entonces cada uno de los 10 caminos: qué dice, por qué importa hoy y qué nos pide en la práctica».

García Cuerva, presento de este modo, los siete caminos del Papa Francisco: «Poner a la persona en el centro: Responde, como escuchamos recién, al Papa, a la cultura del descarte. Todo proceso educativo debe partir de la persona concreta con su historia, su singularidad y su capacidad de vincularse con otros. No se educa a un promedio ni a una estadística. León XIV lo dice con fuerza: Una persona no es un perfil de competencias ni un algoritmo impredecible, sino un rostro, una historia, una vocación. Esto pide currículos flexibles, evaluación que mide procesos y no solo resultados y docentes que conozcan a sus alumnos por su nombre».

Añadió: «Escuchar la voz de las nuevas generaciones: Escuchar a los niños y a los jóvenes. No como destinatarios pasivos, sino como protagonistas que tienen algo que decir sobre la escuela y sobre el mundo que heredan. Escuchar es un método pedagógico, supone espacios reales de participación, centros de estudiantes, consejos de convivencia, proyectos elegidos por los propios alumnos, por los propios chicos. Una educación que no escucha termina hablando sola».

En esta línea, expuso: «Favorecer la plena participación de niñas y mujeres en la educación: En muchas regiones del mundo, ellas siguen siendo las primeras excluidas del aula. La tradición católica tiene aquí una genealogía luminosa. Francisca Cabrini, Josefina Bakhita, Laura Vicuña, la Madre Teresa, Nazaria Ignacia, Mama Antula, que abrieron caminos para las niñas, los migrantes y los últimos. Promover a las mujeres también es revisar estereotipos en los materiales, en los liderazgos institucionales y en las expectativas que tenemos sobre nuestras alumnas».

Ante el cuarto punto, remarcó: «La familia como primer gran lugar educativo: La escuela colabora con los padres, no lo sustituye. León XIV describe esta alianza con tres palabras: intencionalidad, escucha y corresponsabilidad. Cuando la alianza funciona, genera confianza. Cuando falta, todo se vuelve más frágil. Esto pide abrir las puertas de la escuela, acompañar a las familias más vulnerables y construir canales de diálogo que no se limiten a la reunión de padres».

Acto seguido, desatacó que el quinto punto se trata de «educar y educarnos en la acogida: Sobre todo de los más vulnerables, personas con discapacidad, migrantes, refugiados, en definitiva, con los más pobres. La escuela católica nació muchas veces precisamente para ellos. San José de Calasanz abrió escuelas gratuitas para los pobres en la Roma del siglo XVII. San Juan Bautista de la Salle fundó sus escuelas para los hijos de obreros y campesinos. León XIV recuerda en la Exhortación «Dilexi te» que educar a los pobres no es un favor, sino un deber. Perder a los pobres, advierte el Papa, equivale a perder la escuela misma. Hoy es necesario no olvidar la inclusión de quienes padecen alguna discapacidad. La pobreza y la discapacidad no son dos problemas que simplemente coinciden a veces en una misma persona. Se producen y se refuerzan mutuamente. De ahí la idea de la doble pobreza. Una persona con discapacidad que además es pobre no enfrenta dos privaciones que se suman, sino una privación que se multiplica».

En tanto, el añadido siguiente manifestó: «Renovar la economía y la política al servicio del ser humano: Que estén al servicio de la persona y de toda la familia humana en una ecología integral. Gravissimum Educationis ya advertía contra la subordinación de la educación al mercado laboral y a la lógica de las finanzas. Formar economistas, abogados, ingenieros y políticos, con conciencia del bien común, es una de las tareas más decisivas de nuestras universidades, en especial de las católicas. ¿Qué visión antropológica tiene la economía que enseñamos en nuestras universidades? ¿Una economía al servicio del hombre o un hombre al servicio de la economía?».

El último camino, se refirió a «custodiar la casa común y protegerla de la explotación de sus recursos (inspirado en Laudato Si’): Promueve estilos de vida más sobrios y el uso de energías renovables. León XIV insiste en que la responsabilidad ecológica no se agota en datos técnicos. Hace falta una educación que involucre la mente, el corazón y las manos. Cuando la Tierra sufre, los pobres sufren más. Por eso la justicia social y la justicia ambiental se enseñan juntas. Cada pequeño gesto, como evitar el desperdicio, es alfabetización moral. Hoy, además de refugiados por las guerras, comenzamos a tener refugiados ambientales. Cada vez sufrimos más fenómenos de la naturaleza que afectan nuestra casa común».

Por último, García Cuerva aclaró que «uno de los conceptos que personalmente más me entusiasman es el de educar en la belleza, el de formar entre todos una pedagogía de la belleza y por eso en esta ponencia quiero intercalar cuatro obras pictóricas que nos ayuden a nosotros también a formarnos en la pedagogía de la belleza, al contemplar y descubrir cuánto de Dios nos hablan aquellas obras de arte de nuestra historia y cuánto pueden interpelarnos y desafiarnos en el mundo educativo actual. Sigamos apostando por la educación porque Dios mueve la historia, aunque a veces, como nos decía el Papa León, parezca ausente o distante».

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