Por Redacción
El Centro Conjunto de Inteligencia Marítima del Reino Unido elevó en los últimos días el nivel de amenaza en el estrecho de Ormuz a “significativo”, en un contexto de creciente militarización del área tras nuevos incidentes contra buques comerciales, incluido el impacto de un proyectil no identificado contra un petrolero. La decisión británica se sumó a una serie de alertas que profundizan la presión sobre una de las principales rutas energéticas del mundo, donde se registraron dos ataques en apenas 48 horas. De este modo, los británicos incentivan la agudización del conflicto mientras Estados Unidos e Irán pugna por un alto el fuego definitivo.
El organismo británico advirtió sobre riesgos de minas y anticipó la continuidad de operaciones de limpieza y el despliegue de fuerzas navales en la región. En ese marco, amplió la ruta sur del estrecho para permitir el tránsito simultáneo de buques en ambas direcciones y sostuvo que varias rutas continúan operando sin incidentes. La advertencia se conoció horas después de que la UKMTO reportara el ataque contra un petrolero que sufrió daños en su puente de mando, aunque sin víctimas entre los tripulantes. El episodio volvió a poner en evidencia la fragilidad de la seguridad marítima en una zona donde el tránsito comercial depende de condiciones mínimas de estabilidad.
El estrecho de Ormuz, por donde circulaba cerca del 20 % del petróleo mundial antes de los recientes ataques, acumuló 46 incidentes confirmados desde el 11 de junio, con al menos 14 marinos muertos, según la Organización Marítima Internacional, que exigió el cese inmediato de los ataques y garantías para la navegación comercial. En paralelo a las advertencias británicas, el estrecho continúa operativo pese a la resolución del Parlamento iraní del 22 de junio que respaldó su cierre. Sin embargo, el flujo de buques cayó de 147 el 9 de junio a 111 el 15 de junio, lo que evidencia el impacto directo de la escalada de tensión en las decisiones de los armadores.
Aunque no se registraron ataques directos confirmados contra buques mercantes, el propio esquema de alertas incluye un abanico de amenazas que va desde drones y misiles hasta minas lapa, minas flotantes, ataques con lanchas rápidas de la Guardia Revolucionaria iraní e incluso incautaciones oportunistas.
Los buques con vínculos reales o percibidos con Estados Unidos, Reino Unido, Francia o Israel figuran entre los más expuestos, en un escenario donde los errores de identificación se vuelven un riesgo recurrente por la alta densidad de tráfico y la reducción de visibilidad AIS. El uso extendido de interferencias electrónicas agrava las dificultades de navegación segura y complica la transmisión de posiciones en una de las rutas marítimas más sensibles del planeta.