¿Cómo desintegrar una Nación?
• Restándole valor, sentido y relevancia, en Argentina, a palabras como: cipayo, entregador, colaboracionista, negacionista, reaccionario, vendepatria, y muchas otras; que permitirían definir mejor lo que está ocurriendo y lo que se busca ocurra…
• Pretendiendo anular y erradicar conceptos como Nación, Patria, Malvinas, soberanía, justicia social, industrialización, comunidad organizada, derechos humanos, distribución, integración, y muchos más que surgen de las experiencias compartidas y las realizaciones colectivas.
• Generando sistemáticamente enfrentamientos inconducentes, para impedir un debate constructivo respecto de discusiones de fondo, imprescindibles para construir un proyecto de Nación.
• Atacando y diluyendo cualquier manifestación de identidad independiente y soberana de la Argentina; el último ejemplo de esto son los ataques (desde afuera y dentro) contra la bandera con la inscripción: «Las Malvinas son argentinas».
• Valiéndose de la ignorancia, la traición, la falta de patriotismo; en especial de los Judas que viene padeciendo el Movimiento Nacional.
• Entregando los recursos que definirán la calidad de vida de nuestro futuro.
• Facilitando la venta y administración de grandes extensiones de tierra a intereses extranjeros, en especial, en las fronteras.
• Cediendo, alegre e irresponsablemente, nuestra soberanía a jurisdicciones extranjeras.
• Mintiendo sobre el derecho de propiedad; asustando con fantasmas colectivistas; confundiendo maliciosamente el colectivismo con lo colectivo y comunitario; presentando la propiedad privada como un derecho absoluto y para pocos, desconociendo su función social.
• Dando al sector privado extranjero o al local extranjerizado (casi sin contraprestaciones), sectores estratégicos para nuestro desarrollo autónomo, soberano e industrial.
• Debilitando y/o neutralizando el rol del complejo universitario científico tecnológico nacional, en el marco de nuestros intereses nacionales.
• Promoviendo la primarización, el extractivismo y la financiarización de la economía.
• Desindustrializando.
• Eliminando y/o restringiendo cualquier forma de organización colectiva, en especial los sindicatos.
• Abandonando todo tipo de infraestructura que nos integre y fortalezca como Nación.
• Profundizando discriminaciones con las provincias; negándoles primero recursos que les corresponderían, para luego compensar a algunas con beneficios meramente transitorios que facilitan más entregas a la inversión extranjerizante.
• Desligándose, el gobierno nacional, en las provincias, de responsabilidades federales; para no atender el interés general de la Nación, que debería garantizar.
• No promoviendo un país con mayorías y minorías integradas, sino uno en el que sólo se haga y se decida según la voluntad de muy pocos, de afuera o alineados con los intereses extranjerizantes.
• Fomentando en el pueblo la no participación, la irresponsabilidad, las decisiones espasmódicas, y los caprichos periódicos; construyendo un electorado cada vez más manipulable desde lo comunicacional y tecnológico.
• Queriendo hacerle creer a la sociedad que, para la plena vigencia de la democracia, alcanzaría solo con votar cada dos años.
• Toda otra consideración que Usted quiera agregar u omitir…; sin olvidar que, en mayor o menor grado, siempre será partícipe, responsable y, gozará o padecerá, las consecuencias del modelo de sociedad en el que, estamos y/o somos.
Argentina está ingresado en «el tiempo de la afrenta», que deberemos revertir. Impulsemos otro proyecto de país Un proyecto de Nación: industrialización con justicia social.
*Abogado laboralista, integrante del Grupo Ofensiva Nacional Democrática.
*Por Mario Gambacorta