Opinión

El falso profeta

Por Gustavo Ramírez

Javier Milei no oculta su simpatía con el bloque protestante sajón, mucho menos con los lineamientos geopolíticos israelíes. Tampoco es casual que esta semana le haya dado una entrevista al operador mediático reaccionario, Tucker Carlson, agente del ex presidente de Estados Unidos Donald Trump, al que el libertario le copia el estilo de confrontación discursiva. Su diatriba anti papal está adherida a la unipolaridad republicana que profesa la libertad de mercado pero no la libertad política.

Los dichos del candidato presidencial de La Libertad Avanza contra el Papa Francisco le abrieron un frente interno que lo pone en una situación incómoda. Su jefe político y económico, Eduardo Eurnekian, en las últimas horas le dejó un mensaje público explícito. Milei no tiene margen para moverse a su gusto, mucho menos para intentar una acercamiento cerrado con Mauricio Macri y sus socios republicanos en Estados Unidos.

Los negocios son política y la política es negocio, para sujetos como Eurnekian o Paolo Rocca, enemigos declarados del ex presidente Mauricio Macri. Para ellos Milei es un medio y no un fin. Por lo tanto, cualquier muestra de “independencia” es interpretada como un desafío a la estructura de poder que lo sostiene en las sombras.

“Totalmente fuera de lugar. No está a la altura ni para juzgar al Papa, ni para opinar, ni para dar una pauta de cuáles son las actitudes que debería asumir el Papa, bajo ningún punto de vista”, declaró Eurnekian luego de conocerse una nueva avanzada verbal violenta de Milei contra el Papa.

El libertario también envió un mensaje. No tendrá empacho en cerrar filas con los liberales reaccionarios de Estados Unidos. Sobre todo si se tiene en cuenta que para llevar adelante su anhelo de dolarización necesita capitales sostenibles que lo acompañen en su empresa. El alineamiento vertical con el discurso reactivo protestante tiene su anclaje en las relaciones políticas que los empresarios evangélicos  mantienen  con las fuerzas reaccionarias en Estados Unidos.

La posición mesiánica que adquieren estos agentes se basa en la conformación histórica de las ideologías extremistas que han sostenido la misión imperialista de los poderes fácticos de Wall Street. En 2003, George W Bush confesó: “Estoy realizando un misión de Dios”. Mucho tiempo después, emulando al mandatario texano, Javier Milei le diría a su círculo íntimo: “Yo vi tres veces la resurrección de Cristo, pero no lo puedo contar. Dirían que estoy loco”.

En Latino América el punto más cercano con estas experiencias políticas ha sido Jair Bolsonaro. El exmandatario brasilero se hizo bautizar por el pastor Everaldo Pereira, por entonces titular del Partido Social Cristiano, en el río Jordán. No se trata de cuestionar la religiosidad de los actores políticos, sino de observar como el montaje ideologizado sobre esa estructura mística les permite alcanzar altos puntos de popularidad pero también aceitar relaciones con poderosos capitalistas.

No es nuevo, el poder político protestante profesa la ideología del libre mercado y es muy fuerte en Estados Unidos. Donald Trump supo capitalizar esas relaciones para alcanzar un arraigo popular que de otra manera le hubiera costado afianzar. Richard Nixon supo cultivar una “profunda” relación política con el pastor Billy Graham. Ambos compartían la idea imperial de su país. En este sentido, la religión pasa a un segundo plano, lo que se impone es una visión política sobre-ideologizada que es orgánica a la idea liberal extremista.

Milei es la cara visible del sueño húmedo reaccionario de una parte de la oligarquía local: El armado de un partido conservador de masas.  En su entrevista con Tucker Carlson deja en claro cual es su programa de gobierno. Pero además cuales serán sus alianzas políticas globales. Si los sectores evangélicos de Estados Unidos representan los valores liberales en su versión más extrema como conservadora (lo que en el fondo no dejaría de ser una contradicción en sí mismo), no es de extrañar que el libertario embista contra el Papa Francisco.

La cuestión es simple: Francisco es el Papa de las Periferias, de la comunidad y de la Justicia Social. Para los fanáticos del libre mercado, que además profesan el mesianismo ideológico, la existencia de este papado es un obstáculo mayúsculo para sus planes. No se trata de especulaciones teológicas. Son negocios. En ese esquema entra en juego Israel, el principal socio político-económico-militar de Estados Unidos en medio oriente, pero también principal abastecedor de cuadros financieros en el submundo de Wall Street.

Claro que la relación es simbiótica: Según detallan los especiales Stephen Walt y John Maersheiner, en el capítulo El looby israelí en Estados Unidos, del libro Huellas Imperiales, “Israel recibe cerca de 3 mil millones de dólares en asistencia directa cada año, aproximadamente una quinta parte del presupuesto de ayuda extranjera”. A pesar de lo que se suele pensar comúnmente la geopolítica también cumple un rol trascendente dentro de las políticas locales.

Una vez más se evidencia que Milei no es un mero producto del malestar social. Es parte de una arquitectura político financiera que no aspira a la libertad bajo ninguna perspectiva. Como agente de la plutocracia que necesita del andamiaje del globalismo neoliberal, el libertario expresa el ejercicio de una política, que llevada al extremo, presupone un retraso en siglos para el país, pero también es una expresión del conservadurismo global. Por eso no son improvisadas sus declaraciones.

Atacar al Papa Francisco presupone atacar el principio doctrinario de la Justicia Social. En ese ataque, Milei falsea la realidad  con la pretensión de construir un imaginario que necesita quebrantar los mandatos morales de la conformación comunitaria. El mercado no tiene ética ni moral. Tampoco necesita de un sujeto histórico. Esta avanzada conservadora y reaccionaria, pero también imperialista, demanda la destrucción de la construcción social tal cual se la conoce. Por eso, lo que se violenta en principio son las instituciones rectoras de la vertebración social y popular.

Tampoco es casual que Milei haya conseguido el apoyo de la Federación Argentina de Pastores Evangélicos, que preside  el pastor Ariel David Díaz. De curioso derrotero político, el actual coordinador de La Libertad Avanza en la quinta sección electoral bonaerense, supo militar junto a Alejandro Biondini, a Patricia Bullrich y a Juan Carlos Blumberg. En todas las oportunidades desarrolló un rol destacado.

Ariel Goldstein es doctor en Ciencias Sociales por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires e investigador asistente del CONICET, autor del libro el Poder Evangélico. En una entrevista que le realizó el medio RT, el especialista explicó: “Cuando el adversario es identificado con el diablo y los gobernantes entienden su tarea como una misión divina, aumenta el peligro de una deriva autoritaria, amenaza la convivencia democrática basada en el respeto a la pluralidad”.

La falacia libertaria queda nuevamente expuesta. La excusa del combate a la casta solo pretende retomar un sendero que el poder conservador perdió en el trayecto histórico. Hoy, con una democracia debilitada, encuentra un nicho que potencia sus posibilidades para acceder al gobierno, aún prometiendo que el futuro está en el pasado. Alguien podría alegar que el capital financiero se manifiesta de maneras misteriosas, pero no es así. Actúa como sabe hacerlo y como ya lo hizo.

El austríaco Frederich Hayek convocó en 1947  a un grupo de actores económicos y políticos con los cuales compartía una afinidad ideológica. En Suiza se reunieron: Milton Friedman, Karl Popper, Lionel Robbins, Ludwing von Mises, Walter Eukpen, Walter Lippman, Michel Polanyi y Slavador de Madariaga. Ellos establecieron la conformación de la Sociedad Mont Pelerin. ¿Cuál era su objetivo? Establecer un orden mundial sustentado en los principios del libre mercado y el sometimiento político.

Sus postulados resuenan hoy en la voz de Milei, pero Hayek lo expresó en su momento con brutal elocuencia: “Las demandas de Justicia Social carecen de sentido, porque las demandas de justicia son sencillamente incompatibles en cualquier proceso natural de carácter evolutivo”.

Nada es casualidad. El mismo año que en Argentina se producía el golpe de Estado cívico militar para imponer el modelo darwinista del libre mercado del globalismo neoliberal, Milton Friedman recibía el premio Nobel de Economía. Su pensamiento manifestaba que “una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad y sin libertad”. Curioso, también era época de Guerra Fría y Guerra Cultural. No, Milei no representa nada nuevo. Es el sistema y está aquí entre nosotros. Nos amenaza con volver al pasado como una pesadilla circular. Pero también es un falso profeta.

Sin embargo, ello no significa que haya triunfado. El capitalismo liberal denota un colapso. Es una oportunidad insoslayable para que el Movimiento Nacional se reorganice.  Hoy, la unidad de sentido demanda estar parado del lado del pueblo. Lo que el Papa Francisco concibe como opción preferencial por y con los pobres.

 

 

 

 

 

16/9/2023

 

 

 

 

16/9/2023

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