Economía libertaria: El 74,4% de las familias de los barrios humildes no llega a cubrir sus gastos básicos

Por Redacción

El 74,4 % de los hogares de los barrios humildes no alcanza a cubrir sus gastos mínimos mensuales, mientras que el 61,8 % de las personas mantiene deudas y el 59,8 % recurrió a ellas para comprar alimentos, según un informe del Instituto Periferias.  Asimismo, el 61,8 % de las personas de las barriadas pobres tiene deudas y el 59,8 % de quienes recurrieron al endeudamiento lo hizo para comprar alimento, en un escenario económico donde la deuda dejó de estar vinculada a situaciones excepcionales y pasó a ocupar un lugar central en la economía cotidiana de las familias.

Los datos muestran un cambio en el destino del crédito entre los sectores populares. La posibilidad de recurrir a una tarjeta, un préstamo o dinero prestado ya no aparece asociada únicamente a la compra de bienes o a una emergencia, sino a la necesidad de completar los ingresos para afrontar gastos básicos. El Instituto Periferias había registrado en agosto un 59,8 % de personas endeudadas y un 42,3 % de ese universo con deudas destinadas a la compra de alimentos. La actualización elevó al 61,8 % la proporción de personas endeudadas y al 59,8 % el porcentaje que utilizó ese recurso para acceder a comida.

Entre las principales vías utilizadas para obtener financiamiento, el informe registró tarjetas de crédito en el 37,8 % de los casos, préstamos de familiares o conocidos en el 28,7 %, dinero de particulares en el 23,6 % y aplicaciones o billeteras virtuales en el 23,3 %. Las categorías no son excluyentes, por lo que una misma persona puede haber recurrido a más de una alternativa. En tal sentido, el trabajo del Instituto Periferias expuso que «el reciente debate público sobre el nivel de endeudamiento, en el cual la Argentina llegó a niveles históricos récord en morosidad está enmarcado en una crisis de ingresos que en buena medida expresa una dificultad general para acceder a subsistir y consumir alimentos».

El deterioro de los ingresos frente al costo de los alimentos, los alquileres y los servicios obligó a las familias a recurrir al crédito para cubrir gastos corrientes, lo que traslada hacia el futuro obligaciones que deberán afrontarse con recursos ya insuficientes. La secuencia relevada por el estudio expuso una dinámica de deterioro progresivo: ante la falta de recursos, los hogares reducen consumos y afectan la calidad de su alimentación. Cuando esas medidas resultan insuficientes, recurren al endeudamiento para sostener gastos básicos. De este modo, el crédito termina funcionando como un sustituto de ingresos que no alcanzan.

«Seis de cada diez personas relevadas hoy tienen deuda. Tres de cada cuatro hogares no llegan a cubrir los gastos mínimos. Vernos además como según el BCRA, la morosidad se duplicó en Ios últimos dos años. La gente deja de endeudarse para resolver situaciones puntuales, y ahora 10 hace de manera crónica para resolver su vida cotidiana», explicó el Instituto Periferias en el trabajo.

El escenario se contrapone con las expectativas generadas desde el Gobierno de Javier Milei sobre la evolución de la inflación y la recuperación del poder adquisitivo. Mientras la administración libertaria se aferra a su programa económico, los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) citados en el informe reflejan una inflación acumulada del 19,3 % y una variación interanual del 33,8 %, con impacto sobre los gastos esenciales de los hogares.

La combinación entre pérdida salarial, aumento del costo de vida y endeudamiento para comprar alimentos expuso así una de las consecuencias sociales del actual escenario económico: para una parte importante de los sectores populares, los ingresos dejaron de alcanzar para cubrir las necesidades básicas y la deuda pasó a ocupar el lugar que antes correspondía al salario.

El Instituto Periferias remarcó: «Esta arquitectura de endeudamiento en capas refleja un intento constante por emparchar la falta de ingresos, generando una espiral de compromisos financieros cruzados que incrementa la vulnerabilidad y la mora. En definitiva, la deuda ha dejado de ser una anomalía temporal para convertirse en la nueva normalidad que ordena la vida en los barrios populares, expresando de forma contundente la urgencia de recomponer el tejido social, laboral y los ingresos de la población».

 

 

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