Por Redacción
El Papa León XIV culminó su viaje apostólico a España con una misa celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde llamó a fortalecer la comunión con Dios y con el prójimo, reivindicó la acogida a las personas migrantes y advirtió sobre los riesgos de reducir las relaciones humanas a criterios de comercio y beneficio. La celebración tuvo lugar ante más de 40 mil fieles, en el marco de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.
El Pontífice vinculó la realidad de las Islas Canarias con los desafíos migratorios que atraviesan Europa y África. Aseguró que «ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje. Sea permaneciendo durante una vida entera en el mismo lugar, sea eligiendo o estando obligados a partir, nadie permanece nunca quieto. Este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro».
El Papa sostuvo que esa vocación encuentra su sentido más profundo en la relación con Dios y en la entrega a los demás. A partir de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, señaló que el ser humano está llamado a la comunión y que su realización se expresa en el amor recibido y compartido. En otro tramo de la homilía, retomó las reflexiones de Francisco contenidas en la encíclica Laudato si’ para advertir sobre las consecuencias de una cultura centrada en el consumo, la velocidad y la búsqueda permanente de satisfacción material. Desde esa perspectiva, invitó a reflexionar sobre el modelo de desarrollo asociado al turismo y sobre el modo en que se construyen los vínculos humanos.
Al referirse a la realidad de Tenerife, expresó: «¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio. Quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen”.
Del mismo modo, destacó las enseñanzas que pueden surgir de quienes padecen situaciones extremas de pobreza y exclusión. El Papa sostuvo que «crecidos de la extrema precariedad, aprendiendo a sobrevivir en medio de las condiciones más difíciles, confiando en Dios con la certeza de que nadie más los toma en serio, ayudándose mutuamente en los momentos más oscuros, los pobres han aprendido muchas cosas que conservan en el misterio de su corazón». Agregó que «sólo comparando nuestras quejas con sus sufrimientos y privaciones, es posible recibir un reproche que nos invite a simplificar nuestra vida. El Señor, que reprende y corrige a los que ama desea hacer sencilla y alegre nuestra vida».
Antes de emprender el regreso a Roma, León XIV agradeció a quienes participaron de las distintas actividades de su visita a Madrid, Barcelona, Montserrat y las Islas Canarias. En el cierre de la celebración extendió su mensaje a los pueblos afectados por conflictos, sufrimientos y divisiones en distintas regiones del mundo. En tal sentido, expresó: «¡Alzad la mirada! Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!».