Davos: con un discurso anacrónico y colonizado, Milei reivindicó la libertad de empresa y al capital

Por Redacción

Con un discurso anacrónico, que evidenció la incomprensión del escenario geopolítico actual, Javier Milei expuso en el Foro Económico Mundial de Davos. Destacó lo que consideró son los logros de su gobierno y al mismo tiempo sobre intelectualizó su narrativa. El libertario quedó expuesto y demostró que no está situado en el mapa global más allá de su ratificación ideológica.

Ante un auditorio semivacío, Milei repitió su ya consabido rechazo al rol regulador del Estado y reivindicó el proyecto civilizatorio promovido por las potencias occidentales. Del mismo modo, sostuvo que «la intervención y la regulación son dinámicamente ineficientes, por ser violentas y, por ende, injustas”. A continuación, agregó: “Limitar los rendimientos crecientes equivale a matar el crecimiento económico”.

Fuera de tiempo y espacio, argumentó: «Estoy aquí, frente a ustedes, para decirles –- de modo categórico – que Maquiavelo ha muerto. Durante años se nos deformó el pensamiento presentándonos un falso dilema al diseñar políticas públicas, donde se debía optar entre la eficiencia política en contraposición al respeto de los valores éticos y morales de Occidente».

En esa línea, el libertario acusó que «más allá de los continuos desastres causados por el socialismo, durante el siglo XX, vemos los daños aberrantes causados en Venezuela, y no sólo por una caída del 80% de su PIB, sino que mucho peor aún, a la luz del establecimiento de una narcodictadura sangrienta, cuyos tentáculos terroristas se expandieron por todo nuestro continente americano».

Peleándose con un cuerpo ideológico que no se encuentra en la estructura del poder global, Milei expuso que «frente a la degradación ética y moral, que atraviesa Occidente, fruto de haber abrazado la nueva agenda socialista, es necesario resolver e impulsar las ideas de la libertad. Sin embargo, a diferencia del modo en que se encaró en el pasado, que estaba basado en un enfoque utilitarista; hoy, la defensa del sistema capitalista de libre empresa debe estar basada en su virtud ética y moral».

Alejado de la realidad concreta, explicó su posición teórica y dijo que «el derecho natural es la ley que debe regir al ser humano porque se adecua a su naturaleza, y, por lo tanto, es justo en sentido universal. Es una ley común para todos los hombres porque es intrínseca a su esencia y, por lo tanto, inmodificable e inmutable».

Sin dar cuenta de la situación internacional, el libertario argumentó que «el derecho positivo es el que redactan los hombres para seguir a su conveniencia. De este modo, cuando la ley positiva está en consonancia con la ley natural habrá justicia. En su defecto, será legal, pero no será legítima. En función de ello se reconocen dos derechos fundamentales: los derechos a la vida y a la libertad. El hombre nace vivo y nace libre y tiene derecho a conservar estos atributos de la naturaleza. Además, tiene derecho a que sus semejantes se lo respeten, en orden de buscar su propia felicidad, que es el fin al que tiende todo hombre».

Desde su concepción de colonizado, Milei destacó que «tenemos los derechos adquiridos, los cuales no son naturales ni tampoco son inherentes al ser humano, sino que los mismos son ganados por merecimiento u obtenidos por regalo. De este modo, el derecho fundamental a la libertad se deriva del derecho adquirido de la propiedad privada, y ello se manifiesta en que podamos libremente adquirir un bien con el fruto de nuestro trabajo o podemos recibir un bien que libremente nos den o hereden».

En esa línea agregó que «habiendo probado que las instituciones del capitalismo de libre empresa, sostenidas por los derechos naturales, el principio de apropiación originaria de Locke y el principio de no agresión, no sólo que son justas, sino que además son eficientes – al menos en términos estáticos – es momento ahora de probar que el capitalismo de libre empresa cumple con todas estas mismas propiedades en términos dinámicos».

Asimismo, defendió «la apropiación privada de los frutos de aquellos que crean y descubren los empresarios es un principio del derecho natural, porque si el actor no pudiera apropiarse de lo que crea o descubre, entonces se bloquearía su capacidad de detectar oportunidades de ganancias, y desaparecería el incentivo que tiene para llevar a cabo sus acciones».

Tras enumerar las acciones políticas que derivaron en un ajuste feroz contra la clase trabajadora, la destrucción de la producción industrial y la recolonización de la estructura económica en manos del capital extranjero, sobre todo de Estados Unidos, Milei expresó que «esto es “Make Argentina Great Again”. Por ende, esto muestra lo cuestionable del análisis del Óptimo Pareto. En función del mismo, muchos consideran pertinente que se regulen dichas estructuras concentradas, asimilándolas en resultados a un modelo competitivo. Sin embargo, como había señalado, eso implica matar los rendimientos crecientes, cuyo efecto colateral no deseado es el de matar el crecimiento».

Enredado en su propio laberinto ideológico, Milei añadió: «reafirmo lo dicho al inicio de esta conferencia. Maquiavelo ha muerto y por lo tanto es momento de enterrarlo. Es más, dado el vínculo profundo entre la moral y los mercados libres, estos últimos nos hacen mejores personas. Ya que gracias a los mercados dinámicamente eficientes podemos al mismo tiempo progresar económicamente, defender la propiedad privada, mantener la paz, alcanzar la armonía social y fortalecer aquellas virtudes sociales que son indispensables para una sociedad próspera».

Por último, subrayó que «2026 es el año en que les traigo buenas noticias: el mundo ha comenzado a despertar. La mejor prueba de ello es lo que está pasando en América con el renacer de las ideas de la libertad. Por lo tanto, América será el faro de luz que vuelva a encender a todo occidente, y con ello pagará su deuda civilizatoria, como muestra de gratitud hacia sus bases en la filosofía griega, el derecho de los romanos y en los valores judeocristianos».

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