Trump: De cómo perder una guerra y que se note poco

*Por Guadi Calvo 

Solo Donald Trump tiene el talento necesario para convertir algo tan serio y crucial como una guerra en una comedia de enredos, y no una guerra más, sino con las dimensiones de la que comenzó el último día de febrero, donde no solo pone en riesgo, más allá de la vida y el destino de millones de personas, a una región capital para el funcionamiento de la economía global.

Recordemos: Trump fue llevado al Golfo Pérsico por las artimañas de Benjamín Netanyahu, asociado con la banda de yahuds presidenciales, entre los que se incluye fundamentalmente al yerno de Trump, el sionista confeso Jared Kushner. Ya sabemos cómo la foca gangosa compró el cuento de que iba a ser una excursión de dos o tres días, los que alcanzarían para la destitución del régimen de los ayatolás, capturar sus reservas petroleras y vender al gran público que habían terminado con esa peligrosa posibilidad de un Irán con poder nuclear, plan que ha quedado claro que nunca existió, ni tampoco todo lo contrario. A los Estados Unidos se le perdieron algunos detalles antes de lanzar la operación Furia Épica; en Teherán no hubo ni Delcys Rodríguez que entregara su país sin mover un dedo, ni pelafustanes de la magnitud de Nicolás Maduro, que recibiera a sus captores vivo, deseándoles buen año en inglés.

Frente a la embestida sionista-norteamericana, Irán demostró que una nación civilizatoria no es nunca a secas un país más. Por lo que no solo resistió, sino que llevó al límite de su capacidad política a Washington y existencial de Israel, por lo que Trump, para llegar relativamente vivo a las elecciones de medio término del próximo noviembre, necesitó encontrar la manera de asumir la derrota sin que se note demasiado. Mientras que Netanyahu se consuela masacrando palestinos y libaneses, que hay que reconocer que lo hace mejor que nadie.

A más de 115 días del inicio de los ataques arteros de Washington y Tel Aviv contra poblaciones civiles de Irán, que ya suman cerca de siete mil muertos, cuando se encontraban en plenas negociaciones justamente para evitar eso, Trump se hizo cargo de que la victoria a conseguir en un fin de semana en el Golfo Pérsico se estaba haciendo esperar demasiado y decidió acceder a las pretensiones de los persas, firmando un memorando de entendimiento (MOU) que impone un alto al fuego inmediato, entre otras cosas, y que de hecho es extrañamente parecido a una rendición en toda la línea, donde además accedió, entre otras imposiciones, al levantamiento de sanciones comerciales, entre las que se incluyen las ordenadas por Washington a los organismos multilaterales y a las Naciones Unidas.

Además de pasarse por ahí las violaciones a los cacareados derechos humanos que dicen que las fuerzas de seguridad iraníes habrían ejercido contra su propio pueblo. Entre otros “hocicamientos” de Trump, también se incluyen: el fin del bloqueo naval y la no interferencia en la continuidad del desarrollo de su programa de misiles y drones, el que el propio Trump ahora justificó diciendo: “Porque otros en la región también los tienen”. Además, la creación de un fondo cercano a los 300 mil millones de dólares para la reconstrucción de los daños producidos, fondos que seguramente pagarán las monarquías del golfo, ya que para estos casos es que los Estados Unidos las mantienen con vida.

Por otro lado, libera a Irán de la obligación de indemnizar a nadie por la exactitud de sus misiles y drones a la hora de devolver gentilezas, y cerca de una decena más de claudicaciones por el estilo. Diversos analistas señalan que los términos de este acuerdo son incluso más ventajosos para Irán que los a los que había llegado el presidente Barack Obama en 2015 y que el propio Trump deshizo en 2018. Los analistas norteamericanos tacharon la sumisión de Trump como un fracaso de nivel. Vietnam, Irak o Afganistán, la firma de la “rendición” del miércoles 17, junto al presidente iraní Massoud Peseschkian. Burlas del destino: fue realizada en Versalles, donde los aliados y Alemania firmaron la paz que terminó con la Primera Guerra Mundial. A su gusto, a veces la historia es jodidamente macarra.

El presidente francés, Emmanuel Macron, sentado junto a Trump, seguramente pensando en la temperatura a la que se consume la venganza, felicitó a su colega norteamericano con un “Buen trabajo”, mientras Trump declaró: “El petróleo baja, las acciones suben”, exactamente igual que antes del 28 de febrero.

Esperando la voz sionista

Si bien muchos pudieron creer que esto había acabado en Versalles, nada de lo arriba escrito es siquiera probable, si en este enjuague no se escucha la voz sionista, que como se sabe siempre tiene resonancia de muertes. Y de eso están amenazados los protocolos firmados en Versalles, y de lo que se consiga a partir de ahora en Suiza, ya que Netanyahu incrementó su escalada asesina en el Líbano, bajo la excusa de combatir a Hezbollah, lo que obligó a suspender lo que iba a ser el encuentro del viernes 20, en Bürgenstock, a las afueras de la ciudad suiza de Lucerna, donde se formalizaría el acuerdo y se daría inicio a las negociaciones definitivas.

Sin dar la menor oportunidad a un acuerdo, Netanyahu anunció que: “Israel permanecerá en el Líbano el tiempo necesario” y advirtió que dará una respuesta considerable a cualquier ataque de Hezbollah. Y de inmediato se conoció que los últimos bombardeos sionistas contra más de ochenta objetivos en el sur del Líbano, en el valle de la Bekaa, donde mataron una veintena de civiles, mientras que cuatro incursores sionistas fueron abatidos por la resistencia. Por lo que Teherán ha debido advertir a Estados Unidos e Israel que deben terminar con sus ataques en el Líbano para continuar las negociaciones.

A pesar de las trabas impuestas por Tel Aviv, este domingo comenzaron las reuniones en Bürgenstock con la presencia del presidente del Parlamento iraní, Mohammed Ghalibaf, y el vicepresidente estadounidense J. D. Vance, y diplomáticos y funcionarios de Qatar y Pakistán, que fungen de mediadores. El objetivo es alcanzar un acuerdo definitivo, en particular sobre el programa nuclear iraní, y reconfirmar el levantamiento de las sanciones y la liberación de los activos iraníes secuestrados por Washington desde hace décadas.

En este contexto habrá que esperar más acciones por parte de los sionistas, cuya sobrevivencia y perpetuación en Palestina depende de cuánto Estados Unidos puede conseguirles en Suiza. Más allá de las críticas tanto de Trump como de Vance por las constantes hostilidades de los judíos, cuyo gran negocio está en profundizar los conflictos. Por lo que, de no producirse una operación directa de las FDI (Fuerzas de Defensa de Israel), que más temprano que tarde ejecuten un nuevo ataque de falsa bandera para mantener el constante rol de víctima del que tanto se ha beneficiado a partir del Holocausto.

Mientras se conoce que el tráfico por el estrecho de Ormuz, que siempre se había mantenido abierto y solo había sido cerrado por Irán como arma tras los ataques, y que supo articular tan bien como los mejores misiles sus exquisitos arsenales, los que le posibilitaron arrinconar a Trump. No se sabrá nunca de qué manera Netanyahu tiene atrapado a su “amigo” Trump: ¿negocios? ¿archivos Epstein? Su obcecación no importa tanto ahora; a Trump por estos días solo le interesa que la derrota en la guerra se le note poco.


*Escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

 

 

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