Semana Social de la Iglesia: “Organizar la esperanza asumiendo que el Bien Común no es una abstracción teórica, sino la forma social de la dignidad humana”

Por Redacción

Entre el 4 el 6 d septiembre, se realizó en Córdoba la 50ª Semana Social organizada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social y la Conferencia Episcopal Argentina. El encuentro reunió a referentes del ámbito políticos, sociales, sindicales, empresariales, académicos y religioso, quienes disertaron sobre la realidad nacional y la necesidad de encontrar respuestas conjuntas que ante los desafíos del presente. En este contexto, el diálogo social resaltó la necesidad de establecer criterios éticos frente al avance de la inteligencia artificial y su impacto sobre el mundo laboral. Asimismo, se puso de relieve la importancia de establecer parámetros claros para que las transformaciones tecnológicas no pongan en riesgo la dignidad humana y reafirmó el valor de la justicia social.

En el documento final, los actores participantes del encuentro pastoral afirmaron que «en este cambio de época, queremos continuar la senda de organizar la esperanza asumiendo que el Bien Común no es una abstracción teórica, sino la forma social de la dignidad humana. Comprendemos que la justicia social es el criterio estructurador y la herramienta indispensable para hacer real este horizonte de plenitud, acortando distancias y garantizando la equidad, tanto en el punto de partida como en el camino de nuestro pueblo».

Del mismo modo, remarcaron: «con inmensa alegría y renovada esperanza, aguardamos la próxima visita del Papa León XIV a la Argentina en el mes de noviembre. El anunciado paso por Buenos Aires, Córdoba y Luján se presenta como un llamado al reencuentro fraterno. Su visita nos convoca a disponernos al encuentro: recuperar la escucha y reconocernos corresponsables de una misma casa y de un destino compartido».

Por otro lado, señalaron que «el Bien Común nos convoca a edificar una sociedad donde cada piedra, especialmente aquella que parece descartada o herida, sea valorada e integrada en la reconstrucción de la convivencia. El acceso al alimento, a la vivienda, el trabajo digno, la educación y el acceso a la cultura, la salud, el transporte, la libre circulación de las informaciones, la tutela de la libertad religiosa, la salvaguardia del medioambiente, la paz y el ordenamiento jurídico no son variables abstractas, sino exigencias concretas de la dignidad humana que debemos custodiar juntos».

En esa línea, destacaron que «al abordar el segundo eje, “Economía, Producción y Trabajo en el tiempo de la Inteligencia Artificial”, reafirmamos que el trabajo es el gran ordenador de la vida y una senda de realización personal. Ante el avance vertiginoso de las tecnologías de la información y la inteligencia artificial, alentamos una transición justa con gobernanza, donde los límites éticos, técnicos y morales sean establecidos por el ser humano para garantizar que la técnica sea siempre una ayuda valiosa y que la persona humana nunca sea variable de ajuste ante la eficiencia o el lucro».

Explicaron que, en el tercer eje, «“Poder digital y cuidado de la persona humana”, reflexionaron «sobre las problemáticas de la virtualidad que afectan la interioridad y la salud mental de nuestras comunidades. Nos conmueve profundamente el sufrimiento silencioso expresado en la ansiedad y el aislamiento social, y nos comprometemos a no ser indiferentes ante el crecimiento de la tasa de suicidios, especialmente en adolescentes y jóvenes».

Acto seguido agregaron que «frente al flagelo de las apuestas online recordamos que “apostar no es un juego”. A su vez, proponemos valorar los vínculos cercanos que implican la conversación cara a cara en el hogar, la recuperación del juego físico, la gratuidad, y el deporte compartido. Fortalecemos el protagonismo de nuestras Capillas, Clubes de barrio y Colegios, entre tantas otras, como comunidades indispensables para ordenar los impulsos, cuidar la interioridad y reconstruir la vida fraterna».

En tanto, aseguraron que la «reflexión se nutre también de la memoria agradecida que cultivamos en el paso por la Casa de la Memoria, donde reafirmamos que la paz verdadera es fruto de la justicia y se cimenta sobre la verdad histórica. Al conmemorar el 50° aniversario del golpe de Estado y honrar el testimonio de nuestros mártires riojanos, recordamos con el beato Enrique Angelelli que la justicia social es un camino de fraternidad que debemos custodiar activamente».

Por último, precisaron: «asumimos el compromiso de levantar lo caído siendo piedras vivas de esta edificación comunitaria. Cada uno debe asumir su tramo de muralla y construir juntos la civilización del amor. Ponemos nuestras vidas y el porvenir de la Patria en manos de nuestra Madre, la Virgen de Luján y el Santo Cura Brochero. Les pedimos que nos enseñen a mirar la historia desde abajo para seguir tendiendo puentes de encuentro en esta magnífica humanidad».

Durante las jornadas, unos 70 jóvenes expusieron sus inquietudes vinculadas con el empleo, el acceso a la vivienda y los proyectos de vida. En ese marco, se presentó la plataforma Poliedro, orientada a la formación de nuevos dirigentes. El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Dante Braida, al cerrar las jornadas manifestó que es imprescindible «salvaguardar la humanidad y tejer la fraternidad». 

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