Por Redacción
Mientras millones de trabajadores tienen dificultades para llegar a fin de mes, el Gobierno de Javier Milei celebró una nueva alza del índice inflacionario. El Instituto Nacional de Estadística y Censos libertario, dio a conocer el último Índice de Precios al Consumidor del 2025, donde se registró, según la narrativa oficial, un incremento del 2,8% en diciembre, lo que representó una suba anual del 31,5%. En tanto, las Canastas Básicas crecieron 4,1%, un ritmo superior al de los precios generales que elevó las líneas de pobreza e indigencia y profundizó el deterioro de los ingresos familiares.
El relevamiento oficial precisó que tanto la Canasta Básica Total como la Canasta Básica Alimentaria escalaron 4,1% en diciembre, una brecha que expuso el deterioro del poder adquisitivo en los hogares. El encarecimiento estuvo impulsado por Transporte, con 4%; tarifas, con 3,4%; Comunicación, con 3,3%; Restaurantes y hoteles, con 3,2%; y Alimentos y bebidas no alcohólicas, con 3,1%. Se trató del registro más alto desde abril de 2025 y consolidó una secuencia de subas mensuales sin retrocesos desde mayo.
En este contexto, Una familia tipo de cuatro integrantes necesitó $1.308.713 para no quedar bajo la línea de pobreza y $589.510 para evitar la indigencia. En términos individuales, la Canasta Básica Alimentaria se ubicó en $190.780 y la Canasta Básica Total cerró en $423.532. Un hogar compuesto por tres personas —una mujer de 35 años, su hijo de 18 y su madre de 61— requirió $1.041.888 para no ser pobre. En el extremo, una familia de cinco integrantes —dos adultos y tres niños— precisó $1.376.478 para superar el umbral de pobreza.
El Ministro de Economía, Luis Caputo festejó el aumento inflacionario a través de sus redes sociales. Hizo gala del cinismo habitual con el que el gobierno suele expresarse para reivindicar lo que considera logros de su gestión, en tal sentido, el funcionario que más deuda externa contrajo, expresó: «De esta manera, el año 2025 concluye con la inflación más baja de los últimos 8 años, tanto en su medición a nivel general, como núcleo. Un logro extraordinario teniendo en cuenta que se obtuvo en un contexto de reacomodamiento de precios relativos, la implementación de una flotación cambiaria, y una fuerte contracción en la demanda de dinero, producto del feroz ataque político que derivó en una dolarización cercana al 50% del M2».
Del mismo modo, agregó que «el programa de estabilización basado en el superávit fiscal, el estricto control de la cantidad de dinero y la capitalización del BCRA seguirán siendo los pilares para continuar con el proceso de desinflación». En esa línea concluyó: «Es cada vez más evidente que este es el único camino viable para erradicar definitivamente la inflación y hacer grande a Argentina otra vez».
Alucinado por su propio discurso, y atrapado en un laberintos de cinismo y demagogia política, Caputo no dijo nada sobre la crisis de producción, ingresos y consumo. Solo con estos números, que tienen poca credibilidad frente a la realidad concreta donde el bolsillo de los trabajadores se deteriora cada vez, millones de argentinos quedan por debajo de la línea de pobreza, si se tiene en cuenta que el salario promedio apenas supera los $800.000 pesos. Una vez más, el Gobierno demuestra que su plan económico tiene una sola línea: la defensa del capital extranjero por encima de los intereses nacionales.