Por Redacción
El último informe de la organización internacional Oxfam advirtió que, desde 2024, la concentración de la riqueza mundial se aceleró de forma drástica, mientras millones de personas quedaron expuestas a un deterioro creciente de sus condiciones de vida. El estudio señaló que el poder económico de una minoría se expandió a un ritmo muy superior al de los últimos años, en un escenario global marcado por el aumento del hambre y la desigualdad.
El documento precisó que la riqueza acumulada por los milmillonarios creció tres veces más rápido que durante el lustro previo. Aunque el mayor salto se registró en Estados Unidos, las grandes fortunas del resto del mundo mostraron incrementos de dos dígitos. Por primera vez, la cantidad total de milmillonarios superó las 3.000 personas y su patrimonio combinado alcanzó un nivel histórico.
Ese crecimiento contrastó con un dato estructural que Oxfam ubicó en el centro del análisis: una de cada cuatro personas en el planeta enfrenta situaciones de hambre. La organización remarcó que la desigualdad se expresa no solo en el acceso a bienes básicos, sino en un modelo de consumo extremo por parte de las élites económicas, incompatible con un mundo atravesado por la crisis ambiental y social.
El informe subrayó que el problema no se limita al lujo ostentoso, sino al uso del poder económico como herramienta política. Oxfam alertó que los milmillonarios utilizan su fortuna para condicionar Gobiernos, influir sobre dirigentes, adquirir medios de comunicación o plataformas digitales y financiar defensas jurídicas capaces de garantizar impunidad frente a cualquier cuestionamiento. Ese nivel de influencia, sostuvo el estudio, erosiona las libertades democráticas y restringe los derechos del resto de la sociedad.
La organización señaló que la captura de la política por parte de los sectores más ricos no constituye un fenómeno nuevo, aunque advirtió que su profundización actual representa una amenaza directa al funcionamiento democrático. Según el informe, numerosos Gobiernos optan por proteger los intereses del gran capital, silencian la voz de las mayorías y reducen la capacidad real de la ciudadanía para decidir sobre su propio destino.
En ese marco, Oxfam cuestionó las respuestas estatales frente al malestar social provocado por el encarecimiento del costo de vida. El documento afirmó que, en lugar de impulsar mecanismos de redistribución de la riqueza, muchos países priorizan políticas de ajuste y control social, reforzando un esquema donde pocos concentran cada vez más recursos y poder.
El informe concluyó que la expansión acelerada de las grandes fortunas, combinada con el retroceso de derechos y libertades, plantea un desafío central para las democracias contemporáneas: revertir un orden económico que beneficia a una minoría mientras amplias mayorías quedan excluidas de condiciones mínimas de vida digna.