Héctor Daer no brindó un discurso emotivo, no suele hacerlo. Sin embargo, fue claro y contundente. Sus palabras levantaron a las y los trabajadores de la Economía Popular que llenaron el Salón Felipe Vallese en el marco del cierre de su Congreso General. El triunviro de la CGT anunció la construcción de un paro nacional que se efectivizará antes del 10 de abril. El ¡unidad de los trabajadores y al que no le gusta se jode! tronó en la sede de a Central Obrera.
El acto tuvo expresos mensajes políticos a los propios. Sin mencionarlo de manera directa, los oradores, más allá de abocarse a las cuestiones del sector, aludieron a los sectarismos que no posibilitan la unidad de acción ni de concepción entre la dirigencia política. Por eso el encuentro de la UTEP y de la CGT no fue uno más. Ocurrió un día después del ataque salvaje de las fuerzas de sangre contra las y los trabajadores que se manifestaron en defensa de los jubilados. El anuncio de la medida de fuerza se hizo en el momento preciso.
No fue lo único. El acto se abrió con un homenaje a Francisco al cumplirse 12 años de su papado. Al mismo tiempo, se emplazó un cuadro de su Santidad en el salón histórico de la CGT. Las palabras de Maia Volcovinsky acompañaron la ceremonia para recordar la importancia y la trascendencia que tiene para los trabajadores el Papa de los Humildes. Más tarde, el padre Carlos Acaputo bendijo el retrato y al encuentro.
Alejandro “Peluca” Gramajo, secretario general de la UTEP, apeló a la memoria histórica reciente y desde allí rindió un sentido homenaje político a las víctimas de la represión de Bullrich, a la jubilada Blanca y al fotoperiodista Pablo Grillo. En cada ocasión estallaron los aplausos y los cánticos contra el gobierno libertario. Acto seguido, el dirigente popular comentó que, para su organización sindical y sobre todo para aquellos de extracción peronista, la actualización doctrinaria llega de la mano de Francisco con el Tierra, Techo y Trabajo.
Octavio Argüello, miembro de la conducción cegetista, le puso picante a la jornada. Remarcó que el Movimiento Obrero tiene que dejar de ser un factor de presión para convertirse en “un factor de poder” y que, para eso, hay que trabajar en una unidad sólida, sin resquebrajamientos. Al mismo tiempo, aseguró que se terminó la paciencia para con el gobierno. Es tiempo de lucha.
Daer tomó esas premisas y las hizo suyas. Explicó que la CGT, por más que le moleste a algunos, eligió el tiempo y la organización. Dio a entender que en las circunstancias precedentes un sector amplio de la población aún apoyaba a Milei. Un paro general no se puede realizar de la noche a la mañana, pero quedó claro que la decisión de salir a luchar no se podía dilatar más. En tal sentido, pidió a la UTEP que ayudara a construir el paro en el territorio. Orgánicamente, sostuvo que la fecha de la medida de fuerza se resolverá el próximo jueves en el marco de la reunión del Consejo Directivo.
Restan interrogantes por desarrollar y, de ahora en más, surgirán operaciones de todo tipo. Las primeras provienen del mismo campo popular, donde el progresismo de redes se muestra contrario al Movimiento Obrero. El comportamiento volátil de esta fracción de militancia lo torna sectario y excluyente. Una cosa es criticar a la dirigencia por la dilatación de los tiempos y otra ir en contra de las organizaciones sindicales. La ausencia de una observación más profunda de los hechos hace que distintos sectores inorgánicos terminen por confundir al enemigo. No parecen tener conciencia de que son funcionales al statu quo.
Por otro lado, el último miércoles, en la marcha de los jubilados, hubo representación sindical de la CGT en la Plaza Congreso. La columna de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte, con Juan Carlos Schmid a la cabeza, estuvo en la primera línea de resistencia contra la violencia de las fuerzas que se subordinan a la Ministra de Sangre, Patricia Bullrich. Este hecho conformó un elemento de presión hacia dentro de la Central. Después de esa jornada luctuosa, el Consejo Directivo quedó sin margen para eludir su responsabilidad histórica.
Ahora hay que construir el paro. La gran pregunta es qué hará la UTA. Roberto Fernández, como en casi toda su biografía sindical, no acompañó las decisiones de la CGT y rompió las huelgas generales. Eso le sirvió para ganarse enemistades internas que, si bien no son irreparables, generaron resquemores que no se borrarán de la noche a la mañana. La actitud del dirigente colectivo lo emparenta con sindicatos amarillos. No obstante, si se atiende a la situación particular del sector, están dadas las condiciones para que el dirigente no se haga el desentendido esta vez.
Aun así, de aquí al 10 de abril falta un trecho. En el medio, el próximo miércoles, tanto la UTEP como distintas organizaciones sindicales de la CATT y la FeMPINRA, tanto como las dos CTA, volverán a acompañar la marcha de los jubilados. No es un desafío a Bullrich, es una obligación ética, como nos dijo una alta fuente sindical. No obstante, la ministra, que no tiene patria, partido, moral ni bandera, reiteró sus amenazas de bravucona contra las y los manifestantes.
Emparentada con los esbirros de la Dictadura, defendió a las fuerzas represivas pero olvidó las lecciones de la historia: que la organización vence al tiempo y que la unidad es superior al conflicto. Tampoco tiene en cuenta la raíz epistemológica del sindicalismo: hacer justicia juntos.
15/3/2025
