Salud mental: una responsabilidad que nos compromete a todos

*Por Jesica Fabiana Godoy 

Hablar de salud mental es mucho más que hablar de enfermedades, tratamientos o bienestar individual. Es preguntarnos cómo vivimos, cómo nos vinculamos, cómo tratamos a los demás y qué condiciones estamos construyendo, como sociedad, para que las personas puedan vivir con dignidad.

La Organización Mundial de la Salud reconoce que la salud mental está profundamente influida por factores sociales, económicos y ambientales. Por eso, el sufrimiento psíquico no puede comprenderse únicamente desde lo individual: también es necesario mirar el contexto en el que las personas viven, trabajan, se desarrollan y construyen sus vínculos.

En la Argentina, esta reflexión nos enfrenta a una preocupación ineludible: el debilitamiento de las instituciones públicas, el deterioro de las condiciones laborales y la incertidumbre respecto de la continuidad de políticas que garantizan derechos. Cuando se desfinancian servicios, se sobrecargan equipos y se reducen las posibilidades de acompañamiento, no solo se afectan estructuras administrativas; se comprometen las redes que contienen, previenen y reparan el sufrimiento.

La Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657 entiende la salud mental como un proceso multideterminado y reconoce derechos que requieren políticas públicas concretas para hacerse efectivos. En consecuencia, no alcanza con hablar de salud mental si no se sostienen las instituciones, los recursos y los trabajadores que la hacen posible.

Pero el llamado a la reflexión también nos alcanza personalmente. ¿Cuánto escuchamos antes de juzgar? ¿Cuánto contribuimos, con nuestras palabras y acciones, al bienestar o al sufrimiento de quienes nos rodean? ¿Podemos reconocer nuestro propio malestar sin descargarlo sobre otros? ¿Qué lugar damos al cuidado, a la empatía y al respeto en nuestros vínculos cotidianos?

No toda responsabilidad es individual, ni alcanza con la buena voluntad para reparar desigualdades estructurales. Sin embargo, tampoco podemos desentendernos de la manera en que participamos en la construcción de nuestros entornos. El cuidado de la salud mental requiere tanto condiciones sociales dignas como vínculos capaces de alojar la vulnerabilidad sin estigmatizarla.

En este 10 de octubre, conmemorar implica asumir un compromiso que trascienda las palabras: exigir al Estado políticas públicas sostenidas, defender las instituciones que garantizan derechos y revisar, también, cómo nos posicionamos frente al sufrimiento propio y ajeno. Porque la salud mental no se construye en soledad. Se construye en una sociedad que cuida, en instituciones que responden y en personas dispuestas a reconocer al otro como alguien cuya dignidad importa.

 

 


*Licenciada en psicología (Mat. Prov. N°1395)

 

 

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