Pensamiento Nacional

El 30 de marzo de 1982 y la alternativa 2027

 

La movilización del 30 de marzo de 1982 convocada por la CGT Brasil conducida por Saúl Ubaldini es, por varias razones, la rebelión popular más emblemática de las últimas décadas. Ese 30 marcó el punto más alto de la confrontación con la dictadura y fue producto de la acumulación de fuerzas construidas desde el mismo 1976.

La implementación del programa económico de Martínez de Hoz para revertir el modelo de industrialización y pleno empleo vigente hasta el golpe de estado, requería como condición la destrucción del enorme dispositivo histórico del movimiento sindical argentino, el más importante del mundo.

La intervención de los sindicatos y la prohibición de cualquier actividad gremial se dio en el marco de un plan sistemático de desmantelamiento y eliminación física de lo sustancial del movimiento obrero organizado, que son las comisiones internas y los cuerpos de delegados. En ese contexto de terror de Estado y de la aplicación del plan económico de desindustrialización salvaje (y con una porción de dirigentes sindicales que se alineó con la junta militar), un conjunto de gremios comenzó desde temprano una etapa durísima de recomposición de la organización del movimiento.

En 1976 y 1977 hubo huelgas y protestas de ferroviarios, telefónicos, petroleros, portuarios, frigoríficos, entre otros, que costó secuestros, asesinatos, encarcelamientos, pero que también abrió un sendero desde donde reconstruir la resistencia. La articulación de dirigentes de distintos gremios que se iban organizando en lo que se denominó “Comisión de los 25”, contaba con el protagonismo de secretarios generales de UOM, Smata, Tabaco, Camioneros, Luz y Fuerza, Ferroviarios, Colectiveros, Aceiteros, Cerveceros, Estatales, Taxistas, etc., etc., etc.

A solo 3 años del golpe de Estado y en medio de las persecuciones, secuestros, despidos, esta Comisión llama al primer paro general contra la Junta Militar por salarios, obras sociales, esclarecimiento de los casos de sindicalistas desaparecidos, defensa de la industria nacional, etc. La medida de fuerza, lógicamente, tuvo acatamiento dispar, aunque propios y enemigos la consideraron un triunfo del movimiento sindical.

En 1980, el desarrollo de la lucha y la organización sindical desemboca en la creación de el instrumento que va a ser decisivo en la profundización de la resistencia y posterior ofensiva con la dictadura: la CGT Brasil que se ordena bajo el liderazgo de un dirigente “que hablaba muy bien en las reuniones” al decir de Roberto Digón, un referente fundamental de esos años, en relación a Saúl Ubaldini.

En mayo de 1981, el general Galtieri (aun no era presidente) y en el marco de una situación económica y social en descomposición por los efectos de la aplicación del programa de Martínez de Hoz, pronuncia aquella frase acerca de que “las urnas están bien guardadas”. La CGT Brasil le responde con un paro general en julio que resulta mucho más exitoso que el de 1979 y que fue inicio de un plan de lucha consistente.

En noviembre de ese mismo año, la Central convoca a la primera movilización callejera masiva a la iglesia de San Cayetano bajo la consigna “Paz, Pan y Trabajo”. Miles acuden en medio del protocolo violento de las fuerzas represivas.

Esa marcha marca el indicio de la pérdida del miedo a la dictadura y por lo tanto de un salto de calidad en la confrontación. Cuatro meses después, el 30 de marzo de 1982 a las 16 horas , la CGT llama a una manifestación en todas las plazas del país bajo el lema “Luche y se van”, marcando el pase a la ofensiva del pueblo contra el régimen.

Ese día, en el centro porteño, las fuerzas de seguridad actúan tempranamente para disolver y evitar la protesta y son detenidos decenas de dirigentes (Ubaldini incluído), Madres de Plaza de Mayo y otras referencias populares.

La manifestación en Buenos Aires y en otros puntos del país, se extiende por horas en una pelea cuerpo a cuerpo con la Infantería que detiene a más de 1.000 manifestantes. Al día siguiente, la CGT Brasil escribe un documento que no llegó a ser difundido porque dos días después (2 de abril), la agenda de la Argentina cambió.

En ese documento, el movimiento obrero organizado planteaba que vastos sectores del pueblo ya no temían a la Junta Militar y que la dictadura ya estaba agotada y en desbande, y proponía un gobierno de coalición cívico-militar con el objetivo de organizar en breve tiempo elecciones libres y democráticas.

La rendición en Malvinas no hizo más que potenciar todo lo acumulado hasta el 30 de marzo de 1982 y desplegar una ofensiva popular para arrinconar a la dictadura. Así, se volvieron a destacar acciones, movilizaciones sindicales y sociales y aparición de nuevos actores desde la política, que obligaron a los militares a marcar una agenda de apertura electoral.

Quedó demostrado que, desde el 24 de marzo de 1976, el protagonismo de la lucha, resistencia y ofensiva contra la dictadura estuvo, prácticamente, en manos del Movimiento Obrero Organizado y del Movimiento de Derechos Humanos.

Padre y madre de la democracia, simbolizados en una campera de cuero negra y un pañuelo blanco.

Pero…

Las elecciones de octubre de 1983 las ganó la Unión Cívica Radical que, aun rescatando algunos aspectos, significó el posibilismo legitimador de los resultados económicos y sociales de la dictadura.

Hay varias razones que explican esta situación donde quienes pusieron el cuerpo, los muertos, los desterrados, no pudieron generar la salida política post dictadura. Pero el resultado es que no hubo correspondencia entre lucha y alternativa política.

Es evidente que lucha, más lucha, más lucha, más lucha, no deviene automáticamente en salida electoral si no hay voluntad política transformadora organizada con rumbo, programa, plan, discurso y conducción.

Como para tenerlo en cuenta.

31/3/2025

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