Desde 1931, comienzo del fútbol profesional, notables goleadores, aquellos que le pegaban desde 35 metros (“fierrazos”), empezando por Bernabé Ferreyra, “artillero” primero en Tigre y River (1932/36), y el paraguayo Arsenio Erico, con su “doble” “salto” y cabezazo. O la potencia en San Lorenzo, 1939/43, de Isidro —popular “Vasco”— Lángara. El podio (ellos): más de 45 goles por año. Hasta 1975.
Antes, en 1971, llegó a San Lorenzo un “colimba”. Muchacho veinteañero, alto, delgado. Rubio, pinta de “gringo” chacarero desde el interior santafesino. Nacido en San Justo (1950) y un paso por Unión. Ahí, en el “Tatengue”, mediocampista por derecha. Sin gran relieve.
En el inicio, fútbol “chacarero”, zona agropecuaria de Santa Fe. Los Scotta de San Justo, interior santafesino. Su hermano, Néstor Scotta, el “Tola” (**), pasó por River, Racing y Deportivo Cali. También goleador. Los hermanos, en “potreros” y “descampados”, de pibes jugando por los “lechones”, comentó no hace mucho al colega Diego Borinsky, en una nota en La Nación. Imperdible.
A Héctor lo vieron en los partidos de la liga amateur. “Parecido, quizá, a Santiago Vernazza en la memoria futbolera. Un directivo de San Lorenzo supo que en el ‘fútbol chacarero’, liga del interior de la provincia, había un ‘gringo’ con la ‘patada de burro’. Lo fueron a buscar”.
Enseguida, Rogelio Domínguez, DT azulgrana, dijo: “Te voy a probar como puntero derecho. Tenés velocidad y le pegás con un fierro”. El ex arquero de Racing, la selección y el Real Madrid no se equivocó. “A Domínguez —fallecido hace un cuarto de siglo— le debo haber encontrado el puesto. A San Lorenzo, una fama que todavía dura”, dice hoy, a los 75 años.
Lo que sigue es el recorrido del gran goleador, que ahora sonríe por el presente de su nieto Valentino, que juega en el Sevilla de España, a punto de ir al fútbol de Grecia. El club andaluz hace 50 años lo pagó medio millón de dólares y el “gringo” allá superó los 100 goles, con amistosos. Un grande.
Lo que sigue es una síntesis de varias entrevistas, tras haber superado un mal momento. No hace tanto tiempo, intervenido quirúrgicamente —cáncer de colon— que, por fortuna, “pasó de largo”. Contento con homenajes. Uno de ellos, una gran gigantografía “en mi propia casa. A cargo del grupo ‘artistas callejeros’ que pintaron todo Boedo y Patricios”, aclara.
“De todos los técnicos que tuve, siempre me dejaron enseñanzas. En Unión tuve al gran ‘Bocha’ (Humberto) Maschio. Enseñaba a pegarle a la pelota, para no levantarla. Un maestro…En San Lorenzo, 1971, Domínguez, habiendo sido arquero, advirtió que lo mío era correr y darle con furia a la carrera…”, evoca.
“En el 72, con el ‘Toto’ (Juan Carlos) Lorenzo, ganamos los dos torneos. Uno de ellos (el Nacional), invictos. Un gran táctico. Pero en el 74 llegó otro táctico, Osvaldo Zubeldía, y enseguida armó el ‘arma mortal, desborde del querido ‘Negro’ (Oscar) Ortiz por la izquierda y Scotta haciendo diagonal desde la derecha al centro. Campeones otra vez”, siguió.
“En un equipo donde desde el fondo salía jugando (Jorge) Olguín, defensor elegante, luego campeón mundial 78; en el medio, mi amigo (Roberto) ‘Oveja’ Telch; en ese mediocampo, mi comprovinciano santafesino, Victorio Nicolás Cocco. Adelante, un 9 talentoso, cabeza levantada, buen pase al claro, todo se simplificó. Lo mío, carrera y remate’”, sostuvo.
“En el 75 estaba el gran ‘Toscano’ (Alberto) Rendo de técnico. Otro sabio. Al ‘Pato’ (Ubaldo) Fillol le clavé un misil, en cancha de Vélez, desde 30 metros. River, un equipazo, igual nos metió cinco. Gran noche de JJ López, del mismo año de nacimiento. Los dos, 1950, apenas días de diferencia. Al año, Sevilla me vino a buscar. Pagaron medio millón de dólares’. Ese año, 1976, San Lorenzo no estaba muy bien en la tabla, pero todo el mundo hablaba de mí. Varios pibes que promovió Rendo. Desde el ‘Colorado’ Gauna, Mario Rizzi, el ‘Lungo’ Juan José Irigoyen. Le hicimos cinco goles a Boca en ‘La Bombonera’, a fines del 75…”, expresó entre sonrisas.
Tiempos en que San Lorenzo era “sombra negra” de Boca.
“En la revista El Gráfico ubicaron al gran paraguayo Arsenio Erico…Erico se puso contento cuando nos hicieron la nota juntos. Un grande. Humilde, sencillo. De pocas palabras y corazón inmenso. Murió un año y medio más tarde. No había cumplido 70 años. Una gran pena. Me enteré estando en España…”, dijo con dolor.
“Allá me trataron como ‘un hijo’ de Andalucía. Hizo cerca de 100 goles, con amistosos”, describió. “Estoy contento con mi pasado. Jugué hasta los 37 años. En el regreso pasó por Boca y hasta en el ascenso. ‘Mi gran orgullo de este tiempo, mi nieto Valentino. Del Sevilla, como su abuelo, 50 años después. Lo buscaron de Grecia…’”.
Alegró a la familia después de la tragedia de mi hermano, el querido “Tola” (Néstor Leonel) Scotta. Bernabé, Luis María Rongo, Santiago Vernazza, Héctor Osvaldo Facundo; entre los últimos, Gabriel Omar Batistuta, le pegaban tan fuerte como el “gringo” Scotta. Pero ninguno convirtió 60 goles en una temporada.
El delantero de San Lorenzo, en Boedo, ahora Bajo Flores, ingresó en la “inmortalidad”.
Será justicia.
*Por José Luis Ponsico