Opinión

Los oscuros axiomas del algoritmo neoliberal y el solucionismo tecnocapitalista

Por Gustavo Ramírez

La publicidad muestra a una mujer que saca su celular antes de entrar al supermercado. Con él escanea un código que le permite ingresar al local. Atildado de sobremanera en él no hay nadie más que ella. Así que tiene tiempo y lugar de sobra para elegir los productos que desea consumir. Para más detalle la mujer no supera los 30 años, es rubia y de modos refinados. Elige los productos, escanea los códigos de barra en su teléfono, los paga por la plataforma y sale airosa del local.

Durante toda la publicidad no se vislumbra un solo empleado. No hay línea de cajas, no se ven repositores, no existe una asistencia al cliente. El algoritmo no muestra, no evidencia, la pérdida de empleo. En el mejor de los casos, tampoco se explica si de algún modo existirá una recolocación de los empleados en otras labores, en este o en otra empresa.

Hay un mundo tecnológico que vive de espaldas a una gran parte de la población y que muchos presentan como parte del solucionismo tecnológico. La palabra eficiencia está ligada a la  modernización en este universo multifuncional y se crea así un paradigma del sentido común que esconde el sentido último del negocio pero también del control social.

No resulta casual que el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta haya lanzado hace horas, en el Teatro San Martín, el proyecto Buenos Aires+ , que promete a modo de eslogan de campaña ” Estado eficiente, cercano y ágil”. Una simple lectura puede sorprender al lector incauto lo que lo podría llevar a pensar: Buena idea. Después de todo, aquello que nos resulte más cómodo será lo que adaptemos para solucionarnos la incomodidad que la vida posmo nos genera.

Larreta, insiste: “modernizar, agilizar y desburocratizar la forma en que los ciudadanos y el sector privado se relacionan con el Estado”. Entonces, el mensaje adquiere una nueva valoración por parte de la estructura cognitiva. Para el andamiaje ideológico del neoliberalismo las palabras denotan idea: de esta iniciativa política lo que se desprende es el achicamiento del Estado en nombre de una eficiencia que viene de la mano de solución tecnológica que desplaza la supuesta “ineficiencia” del empleado estatal.

“Hay que devolverle tiempo al sector privado para que pueda desarrollarse, emprender; hacerle la vida más fácil a todos gracias a la tecnología”, dice el intendente. Se basa en dos supuestos básicos para el neoliberalismo: la tecnología es la solución y cuanto más chico sea el Estado más eficiente resultará. Amén de responder como lógica del capital que la solución económica viene de la mano de la inversión privada.

Esto nos lleva de nuevo al principio. Nada dice el ambicioso alcalde sobre los empleos que se perderán en el Estado a partir de la entrada en funcionamiento del programa. ¿Qué pasará con ellos? ¿Las y los trabajadores serán recolocados, se les asignarán nuevas tareas o simplemente serán descartado?

Larreta, reafirma: “Vamos a seguir eliminando trámite, simplificando. Se van a poder pagar impuestos en criptomonedas“. ¡Guau! exclama el lector. Esto es evolución. Pero aún no queda en claro como van a hacer los porteños para adquirir estas monedas virtuales ni a que valor. Asistimos a un cambio forzado por la matriz del negocio tecnológico que no necesariamente, en un país en crisis, puede redundar en mejoras sociales en manos de tipos que han sido los promotores de la crisis de la profunda desigualdad que nos asiste.

Hace horas nada más, el bufón del rey, sí Larreta, se subía teatralmente a un tractor para acompañar la manifestación de una serie de personajes desquiciados que en Plaza de Mayo prometían horca a los representantes políticos del oficialismo elegidos por el voto popular. Allí, con su tono monocorde y su sonrisa tan falsa como forzada, insistía en la propuesta de defender a los que “trabajan” pero no a la clase trabajadora. Es que para él y su cohorte, la clase trabajadora es la servidumbre que tiene que ponerse a los pies de los rastreros hacendados. Para el monocorde intendente solo existe una clase de hombres: los explotadores que se disfrazan de trabajadores.

Cada proyecto que impulsa la estructura neoliberal en Argentina representa un pérdida de derechos para los más pobres. Lo que se defiende a raja tablas son los dogmas del mercado y del capital privado como referencias mesiánicas para la salvación del mundo. La historia pasada y presente, los deja desnudos a pesar que las operaciones mediáticas y pedagógicas los visten con la seda artificial de una inteligencia designada al encubrimiento de la devastación nacional.

En un mundo pequeño como el de la tecnología, las apariencias son primordiales para gestar la artificialidad del solucionismo tecnológico. Entonces a partir de este endiosamiento forzado vale preguntarse ¿Quién maneja el mundo mientras se refuerzan las asimetrías sociales o en términos menos sociológicos, quienes fomentan la injusticia social ?.

Jeff Bezos de Amazon; Mark Zuckerberg de Facebook; Larry Ellison de Oracle; Larry Page y Segei Brin de Google; Steve Ballmer de Mocrosoft; Jack Ma de Alibaba y Lauren Powell Jobs, viuda de Steve Jobs, heredera de Apple, se encuentran en la lista del 1 % de multimillonarios que concentran la riqueza de la mitad de la población mundial. En esta cadena podemos añadir al flamante comprador de Twitter, Elon Musk que desembolsó  44 mil millones de dólares para quedarse con la red social.

Sí, vale la pena hacer un apartado. Con el capital que Musk invirtió en Twitter, los argentinos nos libraríamos del Fondo Monetario Internacional a partir de la deuda que contrajo Mauricio Macri, ladero de Horacio Rodríguez Larreta. Ecuación: Capital privado, eficiencia, menos Estado, mayor acumulación de riqueza = más pobres, menos soberanía económica.

Estos tipos, que se presentan como modelo de nuevos Mesías empresariales, acumulan cifras superiores a los PBI de los países empobrecidos. Mientras tanto, existen proyecciones como la de OXFAM, que advierten que 263 millones de personas en el mundo “podrían verse empujadas a la pobreza extrema en 2022”. Algo que, evidentemente, el solucionismo tecnológico no puede “remediar”.

Claro que OXFAM, Organización No Gubernamental, culpa de esta situación al crisis del COVID-19 y a la guerra en Ucrania. Factores que pueden acelerar el proceso de descomposición social pero que no son determinantes ante situaciones pre-existentes como la acumulación de riqueza de manera obscena en pocas manos.

Dice el informe que  “los países más pobres enfrentan crisis de deudas inminentes y el poder adquisitivo de los salarios está deprimido, mientras que las ganancias corporativas se disparan y la riqueza multimillonaria alcanza niveles sin precedentes”.

En tanto el Banco Mundial aseveró  que “198 millones de personas podrían caer en la pobreza extrema este año como resultado del COVID-19 y la profundización de las desigualdades”. Una vez más vemos que la excusa comparece ante la preservación y resguardo del estatus quo: la crisis no está generada por la riqueza, que acumulada, no genera mayor justicia social sino que profundiza las inequidades sociales, sino por factores inesperados que dañan al sistema. Pero lo que no se dice es que el sistema ya funcionaba mal hace tiempo y que ante la agonía del mismo se eligió salvar al capital antes que a las personas.

Entonces, ¿ cómo es factible que aquellos que son parte del problema tengan la solución? Tal cual como está planteado el escenario la oligarquía tecnológica, que propulsa una nueva forma de colonización, solventará la profundización de las injusticas sociales. Lo vemos en Argentina donde la oposición cuando fue gobierno utilizó la tecnología para estructurar un andamiaje persecutorio y represivo en función de la acumulación de datos. Lo que generó (y se ocultó de manera deliberada) muna red de alta vulnerabilidad social, al mismo tiempo que se le imprimió a la cuestión política características punitivas.

¿Estamos en realidad ante una nueva era o frente a la sofisticación del sistema para preservar la riqueza de una oligarquía emergente que se presenta como inocente ante los ojos de un entramado geocultural que se dimensiona en la deconstruccción socio-política de lo “tradicional”? Si es así se reconfirma que la crisis actual es civilizatoria y que los grupos de poder reaccionarios se adaptarán al nuevo paradigma, que en realidad es el viejo re-elaborado, para preservarse a si mismos y que la tecnología entonces será tanto la herramienta como el escenario de la dominación.

Aquí, en este terreno, también impera la incertidumbre y se abre un interrogante que no encuentra una sola respuesta ante la necesidad y la urgencia: ¿Cómo resistirá el pueblo esta ofensiva que ya convive con nosotros aún cuando se la perciba de manera fantasmal? Y el gobierno, mentado y autopersivido nacional y popular, ¿cuenta con capacidad de reacción frente a esta incipiente conquista política?

¿Evolución?

“La globalización, conectada con los poderosos procesos de desarraigo trecnocapiltalista, produce una tendencial uniformidad planetaria que se determina en la igualación forzada o, más precisamente, en la reducción de todos los entes de lo Mismo”, Diego Fusaro.

 

 

 

 

Fotografías: Larreta, prensa de la Jefatura de Gobierno de CABA.

 

26/4/2022

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