Pensamiento Nacional

La causas justas del Pueblo

*Por Jorge Rachid

Los pueblos definen su identidad a lo largo del tiempo, con las pausas propias de sus penares y alegrías, como decía Benedetti y entonaba Zitarrosa: “No hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia”, que es un andar que no siempre es respetado por la dirigencia política. Lo que sí tienen en claro los pueblos, es que la unidad nacional, los hace fuertes ante los ataques externos a su soberanía y capacidad de decisión.

Sólo la unidad no alcanza, pero la falta de un destino común en el seno del pueblo, deteriora su capacidad de reacción, ante los procesos de colonización económica, cultural o institucional, en sus nuevos formatos siglo XXI, que intentan controlar lo político, sin alterar los marcos institucionales previos, consolidados por años de neoliberalismo.

Lo hacen colonizando sus resorte de poder tanto fáctico como simbólico, a través de los instrumentos financieros, como los fondos de inversión supranacionales y la cooptación absoluta de los medios hegemónicos de comunicación. Estos, que comienzan a apuntalar la ideología de la sumisión nacional, del discurso único, del posibilismo que entierra los sueños utópicos de la lucha permanente por la Liberación Nacional.

Intentan hacer desaparecer la identidad y la memoria colectiva, apropiándose del lenguaje, cooptando las palabras que introducen en el espacio simbólico, un imaginario distinto que naturaliza y hace propios, en el seno del pueblo, las herramientas de la colonización cultural, que se van repitiendo en generaciones, hasta consolidarlas como memoria colectiva, individualista, en una diáspora social fragmentaria, difícil de reconstituir.

Pero hay una memoria inscripta, esa que se graba en el seno familiar, en la transmisión oral que también es social, que talla las subjetividades y crea una mirada de la vida, del mundo de las cosas, conjunto de ideas que se llama ideología.

Un pueblo sin esa mirada, no tiene raíces, ni memorias compartidas y es lo que pretende el enemigo neoliberal, arrebatarnos la historia, hacerla suya, creando un pueblo anósmico y disciplinado a sus fines últimos de colonización. De ahí la farsa del Fin de la ideologías de los ’90 y los libertarios de hoy, denostando la política como medio de construcción de los modelos de país que confrontamos. Eliminando las ideologías, se termina la política y aparece la magia de los Ceos como capaces de construir economías a su medida, saqueando el país, entregándolo al mejor postor y hambreando al pueblo.

Pero los pueblos reaccionan, a veces en forma lenta para los tiempos siempre ansiosos de los actores políticos, pero que son inexorables en el rumbo del camino, desde los mismos orígenes del colonialismo español hasta nuestros días, apropiando íconos del opresor y haciéndolos propios, como la religión, contribuyendo en los procesos de emancipación de Patria Grande en sus luchas, aceptando institucionalizaciones liberales pero conservando sus orígenes, hasta que llega el momento de protagonizar la historia erigiendo un Líder como Perón o construyendo Patria Grande como la construcción de la UNASUR. No salen esos acontecimientos de un hecho puntual de la historia, es el peso mismo de la memoria e identidad de los pueblos, que se proyecta hecho realidad.

Una guerra como la Pandémica nos devolvió una visión necesaria de solidaridad social compartida como pueblo, en lucha por un destino común: vencer al virus y a la muerte. Ese efecto tanático del miedo, trasladado a la conciencia social fue derrotando los planteos que atacaron las políticas sanitarias, como forma de debilitar al gobierno nacional, pero chocaron una a una, en cada acción, contra la fuerza del pueblo por afianzar su destino.

Así fueron perdiendo los adversarios-enemigos, no ya del peronismo sino del pueblo y la Patria, verdaderos desertores en ésta guerra, al poner de rehenes de la salud a 45 millones de argentinos. Sólo un aparato mediático amparando cada día, pudo protegerlos del desastre que se les viene encima, ya que quedaron expuestos frente a la comunidad como verdaderos antipatria.

Los pueblos son anteriores a las instituciones, los santiagueños, cordobeses, tucumanos, salteños, jujeños y otros lo son desde el 1550 en adelante. Esa identidad nunca deja de ser, ser fortalece con el tiempo y más aún cuando pretende ser avasallada por el centralismo colonial, en cualquiera de sus formas y más allá de donde viva, ya que legiones de esos compatriotas, constituyeron los grandes esfuerzos integrativos de la Patria como pueblo, en cada rincón que los requirió desde el trabajo o el esfuerzo compartido de lucha.

Así se construyó la Patria y se fortaleció en pueblo, que hoy ante la Pandemia encuentra una nueva oportunidad de expresar con toda su fuerza volitiva, esa demanda histórica de avanzar hacia una sociedad más justa, libre y soberana en una Patria Matria Grande y Libre de cualquier colonialismo.

 

 

*Médico sanistarista. Asesor sanitario del Gobierno de la Provincia de Buenos Aires

 

20/5/2021

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