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“Entender la pobreza, un desafío de la democracia”

*Por Gustavo Ramírez

El Movimiento Obrero argentino tiene importantes desafíos por sortear en el presente y más que nada de cara al futuro.  Lo que se pone en juego nada tiene que ver con tensiones internas del campo sindical, lo que se discute es el proyecto de país que se quiere para la clase trabajadora y para los sectores más vulnerables de nuestro país.

¿Obliga el nuevo diagrama social, planteado por el neoliberalismo, al Movimiento Sindical a romper con paradigmas vigentes? En tal sentido pensar la situación de la pobreza en Argentina abre un nuevo surco y sienta un precedente que modifica el rol estructural de las organizaciones sindicales. Pero esto no es para nada lineal y mucho menos uniforme. El capital modifica las relaciones laborales desde diversas ópticas y estos cambios estructurales tienen un profundo impacto en diversos estamentos sociales, pero también afectan a los individuos en el plano psico-cultural y económico-social. No hay un solo abordaje de las problemáticas que interfieren en el desarrollo de sociedades más justas e integrales.

La sede de la Asociación de Trabajadores de Sanidad Argentina La Plata fue el marco que ofició de anfitrión para la celebración de la charla debate “Entender la pobreza, un desafío de la democracia” donde disertaron el Doctor Facundo Manes y el titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte, Juan Carlos Schmid.

Fue el propio Schmid el encargado de abrir las exposiciones, en tal sentido el dirigente sindical explicó que:

“Entender la pobreza es un desafío para el sistema democrático, pero más que nada, para aquellos que son sindicalistas, es una demanda que viene desde el fondo de la historia hacia los sindicatos. Lo primero que hicieron los sindicatos fue, en Argentina y en el mundo, darle una mano a aquél que estaba más necesitado”.

El Secretario General de la FeMPINRA interrogó al auditorio de más de 150 personas, con una pregunta que interpela al proceso democrático en nuestro país.

¿Por qué tenemos que entender la pobreza? Porque hay un déficit que ha tenido el sindicalismo argentino, en las últimas décadas que es olvidarse de aquellos compañeros que están fuera del circuito laboral, están fuera de los convenios colectivos de trabajo y no están contenidos por las organizaciones sindicales. Son lo que hoy se denominan trabajadores de la economía popular.  Y si no entendemos la naturaleza de la pobreza difícilmente encontramos la respuesta. Porque el fenómeno de la pobreza en Argentina no es únicamente un problema de los gobiernos, es un problema de la sociedad argentina. Los niveles de inseguridad, el atraso, la falta de educación, la caída en la calidad de la salud, nos interpelan violentamente y los que están más postergados son los que tienen menos posibilidades de acceder a esos que son bienes públicos”.

 

El pensar la pobreza implica a todo arco socio-político de nuestro país. No hay respuestas fáciles para encontrar la solución, sobre todo si se tiene en cuenta que la fase actual del capitalismo no reconoce retrocesos en la aplicación de sus políticas. Con el advenimiento del gobierno de Mauricio Macri y la restauración neoliberal, la distribución de la riqueza se concentró en menos manos, mientras que crecieron los índices de pobre e indigentes.

En ese plano Schmid inquirió:

“Ante el proceso electoral que se acerca ¿podrá alumbrar la política con mayúsculas, más allá de las identidades partidarias, la primavera de la esperanza? No hay ninguna razón que explique en este país porqué, después de más de treinta y cinco años de vigencia de las normas constitucionales, de la vida de los partidos políticos, del derecho a voto, nosotros hayamos acumulado una desigualdad tan gigantesca que un tercio de nuestra población está sumergido en la pobreza. Algo mal estamos haciendo y ese postulamiento nos interpela a todos: A los que eligen, a los que elegimos, a los científicos, a los académicos, a los profesionales, a los educadores, a los sindicatos”.

No hay cuestiones ilusorias cuando se trata de prensar y reflexionar sobre la situación actual, sobre el impacto de las nuevas incursiones del capital en la vida social desde la utilización de la revolución tecnológica, hasta el dominio de las estructuras cognitivas no solamente imbricadas en procesos pedagógicos, sino en las nuevas formas del conocer como competencias económicas.

“La matriz diabólica que hace que particularmente los sectores financieros, los más poderosos, se adueñen de la mayor ganancia en este país, sigue inalterable desde 1976. No importa quien gane, no importa el partido que gobierne eso está inalterable. Y eso multiplica la pobreza y además ataca, no solamente a los sindicatos, ataca a la noción de trabajo. Últimamente nos quieren convencer de que el trabajo no tiene el valor, que los más veteranos, como yo, hemos conocido: El trabajo como centro de la sociedad, el trabajo como ancla del lugar que uno ocupa en la sociedad y eso es un fenómeno que va más allá de un convenio colectivo, de la pelea por una moneda más en la discusión con la patronal y en la discusión económica propiamente dicha. Estamos discutiendo todo un valor cultural que se está vaciando de contenido”.

Los puntos y las directrices de las variables sociales se confabulan con las dinámicas políticas del capital y desatan un torbellino voraz sobre la realidad social de los hombres y mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad social. Ya no se trata de meros formalismo de la maraña económica. Es un embate ideológico del neoliberalismo contra los estamentos sociales de la comunidad organizada, sobre los lineamientos centrales de la Justicia Social para destruir todo vestigio de estado de bienestar.

Facundo Manes llevó el debate a un plano distinto relacionado con el conocimiento como factor de desarrollo de las potencias económicas de los sectores populares. Pero los datos no son alentadores porque la propagación del imaginario colectivo contiene gérmenes de conceptualizaciones impuestas y negativas.

“Solamente el 5% de los chicos argentinos piensa que el ascenso social es por la educación. La mayoría de los chicos piensa, y con razón tal vez, que el ascenso social es por la herencia, la corrupción o la política. Aunque traigamos el mejor sistema educativo a la Argentina si los chicos piensan que el estudio no es sinónimo de movilidad social estamos perdidos”.

¿La batalla cultural, de tan buena fama en años de gobierno popular era contra el Grupo Clarín? ¿Cuánto nos equivocamos al desproteger los verdaderos intereses de las clases populares? ¿Fue un error de estrategia, político o de diagnóstico? La irrupción neoliberal fue lapidaria para dicha batalla, porque el capital suele apropiarse, y durante estos años con mayor velocidad, de los campos sociales que nos pertenecen por derecho histórico, hoy la realidad del país es mucho más trágica y los márgenes son aun más estrechos.

Manes añadió en su alocución:

“De 10 chicos de 10 años, en un país que produce alimentos, 4 tienen algún tipo de mala nutrición. No solo desnutrición sino déficit de vitaminas, anemia. Todo esto repercute en el cerebro, en las habilidades cognitivas y emocionales que es la principal economía de los países, el cerebro de los ciudadanos. Esto impacta en las funciones cognitivas e intelectuales. La mitad de los adolescentes viven en la pobreza. Si queremos combatir la pobreza la ciencia tiene datos, tiene conocimientos de cómo hay que abordar el flagelo de la pobreza que no sólo es inmoral, sino que es una hipoteca social en una economía basada en las ideas, en el cerebro, en el conocimiento, en la aplicación de esas ideas”.

“Cuando uno vive en situación de pobreza usa los recursos cognitivos para sobrevivir. Lo material es necesario, obvio, el dinero, la ayuda, son necesarios, pero no suficientes. Mandela decía que la mejor herramienta contra la pobreza es la educación. Además de lo material, además de lo económico que es necesario, la mejor arma contra la pobreza es la educación y el afecto”.

“Si no invertimos en erradica en serio la pobreza, por eso hay que entender que no solo es un problema material, económico, hay que invertir también en educación, en afecto, en visión, en sueños. Si no nutrimos bien a los chicos, ni erradicamos la pobreza, mejoramos la calidad educativa y no vinculamos el sector científico y tecnológico con el sector productivo, cada 10 años vamos a tener una capa de pobreza nos guste o no”.  

¿Dónde ceñir la esperanza entonces? Para Manes en los sueños. Sin objetivos no hay futuro, sin proyecto de existencia no hay vida. Sin sueños no hay esperanza. Tal vez ese sea el mayor desafío, devolver a los pobres la posibilidad de soñar en un presente próspero y en futuro con mayor Justicia Social.

El encuentro terminó con aplausos cerrados para los expositores. De alguna manera estos pensamientos fueron novedosos. Queda mucho par debatir, pero sin dudas el futuro está en nuestras manos. Cambiar el rumbo político del proceso económico puede significar abandonar el estado de contemplación de la historia para abordarla, subirse a ella y definitivamente combatir para erradicar la pobreza en un proyecto que involucre  a todos los actores sociales productivos.

 

*Director Periodístico de AGN Prensa Sindical

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