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“El Repunte es un modelo de todo lo que está mal”

Por Redacción

Tal vez no exista otros hechos donde la insensibilidad social y las políticas comerciales descarnadas del neoliberalismo se expresen con mayor virulencia que en los casos de los hundimientos de los buques pesqueros Rigel y Repunte. Este 17 de junio se cumplen dos años de la desaparición del Repunte, sin embargo la postura oficial continúa por la misma senda: Indiferencia ante el drama que afecta a los trabajadores pesqueros.

Entre el año 2000 y 2018 se registraron 21 siniestros en buques de la marina mercante, en río y en mar. De ellos 16 son hundimientos el resto fueron incendios, colisiones y explosiones. La estadística se profundiza en el drama cuando se comprueba la cifra trepa a 31 trabajadores muertos o desaparecidos. En el mismo período, entre buques de la pesca se contabilizaron 66 siniestros de los cuales 45 son hundimientos, se cuentan que en estos casos existen 130 personas muertas y desaparecidas. A estos fríos números hay que agregarle la desaparición del submarino Ara San Juan con 44 tripulantes a bordo.

Los familiares de los tripulantes desaparecidos en el mar luchan por la reivindicación de los derechos laborales de sus seres queridos con el dolor a cuestas. Durante estos dos años acumularon pequeñas victorias sociales pero también lágrimas  y bronca. El resto de la comunidad no tiene presente lo que implican estos hundimientos. Los mismos exponen la deshumanización del sistema que promueve la baja de costes laborales a costillas de la vida de los tripulantes.

La explotación pesquera carece de controles, al mismo tiempo que el gobierno entrega soberanía de recursos en el Sur del mar argentino. Ni el Ministerio de Transporte, ni el Ministerio de Producción y Trabajo han tomado cartas en el asunto. El Presidente Mauricio Macri ha incurrido en promesas falsas y de ocasión sin prestar ayuda alguna a los familiares.

 

La pesca en el Atlántico Sur no cuenta con los controles necesarios que están en manos de las Autoridades Nacionales. Buques españoles, chinos, taiwaneses y británicos extraen más de un millón de toneladas anuales de recursos nacionales. Argentina pierde 2 mil millones de dólares anuales y se ponen en riesgos casi 50 mil empleos nucleados a la industria pesquera. En nombre de la competitividad armadores y empresarios argentinos impulsan la flexibilización laboral a bordo. De la misma manera, la crítica situación general impulsa y obliga a los trabajadores a zarpar en condiciones extremas de inseguridad.

Mientras los tripulantes argentinos padecen toda clase de infortunios los mares argentinos son explotados por chinos y británicos sin que ello le cueste ni siquiera un mínimo interrogatorio periodístico a los funcionarios cambiemitas. En épocas de crisis la fiebre del langostino hace que nadie se quiera perder el negocio, el Consejo Federal Pesquero continua con el otorgamiento de permisos, muchos de ellos encubiertos bajo el concepto de “reformulaciones”, donde se pasan los permisos varios buques a uno de mayor porte. De 90 barcos que pescaban en 2013 se pasó en el 2018 a 302 barcos. El 54 % de la flota pesquera nacional está abocada a la captura de langostino.

El gobierno entrega recursos nacionales, soberanía y con la complicidad de armadores y empresarios manda a la muerte a los trabajadores de la pesca. Ninguno de los hechos trágicos en el mar le costó, siquiera, el cargo a ningún funcionario. El diseño mercantil de la actual gestión neoliberal contempla a su ves un diseño de muerte que recae sobre la clase trabajadora. La ecuación ideológica es simple: Empresarios anti nacionales ricos, trabajadores pobres y descartables.

“Lo que es tragedia evitable, se tiene que evitar. Esto no fue un accidente. El Repunte es un modelo de todo lo que está mal. Cuando ves lo que pasó antes del hundimiento, te das cuenta de que el Repunte se comenzó a hundir mucho antes del 17 de junio. Se hundió porque hubo un montón de funcionarios que no hicieron las cosas como las tuvieron que hacer, no cumplieron la ley”, expresó en declaraciones a la prensa Gabriela Sánchez, referente de Ningún Hundimiento Más y hermana del capitán de buque hundido hace dos años.

El modelo neoliberal aprovecha que la sociedad vive de espaldas al mar, a los ríos y a los puertos, para imponer su idea de que los hechos de muerte por desidia, esquemas mercantilizados de negocios e ignorancia ideológica, deben naturalizarse sin remedio.

Sánchez sostuvo: “Para los nuestros ya es tarde. A mi hermano no lo voy a ver más, como a ninguno de los otros nueve muchachos. Pero estas cosas tienen que cambiar, porque nosotros pagamos con el precio más caro, que es el de la vida. En este Día del Padre, lo podríamos haber llamado a donde estuviera navegando o le hubiéramos mandado un mensaje. Pero no lo pudimos hacer. Mis sobrinos no tienen más a su papá y yo no tengo más a mi hermano”. 

Ella concluyó que “estamos convencidas de que en la medida que se lleve a juicio a algún empresario, a alguien del Consejo Federal Pesquero, de Prefectura, a algún político que está metido en estos temas, ahí las cosas van a empezar a cambiar. Ya no van a firmar tan fácil que un barco salga así nomas como salió el Repunte, que salió sin inspecciones. Esas irregularidades van a cambiar”. 

La injusticia social, en sus diversas manifestaciones, es muerte. La política del descarte no puede ser consentida por los márgenes de la democracia. La violencia política se manifiesta con determinación en la pérdida de la vida de un trabajador. Por ello es necesario que se comprenda el valor trascendental que posee la memoria colectiva en la valoración persistente de la lucha. Los familiares de  las tripulaciones del Rigel, del Repunte y del Ara San Juan sostienen su lucha por la memoria y el bien común. Es hora de despertar.

 

 

Fotografías: Ningún Hundimiento Más

 

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