Opinión

El hambre del caníbal

*Por Gustavo Ramírez

Mauricio Macri ratificó el rumbo del modelo económico. Lo hizo en una conferencia de prensa que brindó, éste miércoles,  en la Residencia de Olivos, mientras en la calle los trabajadores de Télam se manifestaban contra los despidos en la Agencia Nacional de Noticia. En paralelo, en el puerto de Buenos Aires, la Juventud Sindical Naval realizaba una olla popular en apoyo a los portuarios despedidos por la empresa Terminales Río de la Plata.

La exposición del Presidente fue grotesca. Sobre todo porque negó lo que ocurría en su propia cara. Con cinismo razonado lamentó los despidos en Télam y fingió sentirse afectado por decisiones que él decidió tomar, como jefe de Estado. Su trama discursiva canalizó el paradigma narrativo de Cambiemos, genuflexo a los mandatos del capital financiero y al Fondo Monetario Internacional.  Con alevosa premeditación el Mandatario sólo mostró una convicción: su adhesión al neoliberalismo.

Los despidos en el puerto de Buenos Aires ponen en evidencia como el Gobierno dispone de la estructura estatal para propiciar escenarios de especulación empresaria. La empresa Terminales Río de la Plata – DP Wolrd o Dubai Ports Wordl – presentó un preventivo de crisis y anticipó 200 despidos como modalidad de ajuste interno. La argumentación que esgrimió la empresa transnacional fue el descenso del flujo productivo a partir de la salida de dos líneas marítimas de su órbita operativa. Algo que ha sucedido en otras oportunidades en medio de otro proceso histórico. Por ejemplo con la fuga hacia la terminal Exolgan de MCC, una de las líneas navieras más importantes.

Este conflicto emerge justo cuando se encuentra en litigio la renovación del pliego de licitaciones para la explotación de las terminales portuarias. Las versiones, que suenan con fuerza entre los espacios sindicales,  aseguran que la Terminal 4 – APM Moller-Maersk Group – será la beneficiada con el nuevo proyecto portuario en ciernes. La lucha de intereses, entre grupos económicos internacionales, se ve beneficiada por una coyuntura hostil hacia la clase trabajadora y ampliamente flexible con el capital extranjero. En esta guerra interna, por el manejo del negocio portuario, los únicos perjudicados son los trabajadores. Lo que expresan las empresas portuarias no es más que el paradigma que sustenta el FMI.

El discurso de Macri no es inocente. Es decir no lo expresa de tonto. Es racional,  porque es la razón ideológica y política del modelo. Ante la crisis estructural producida por el propio gobierno el refugio narrativo constituye subjetividades inmersas en el dominio psicológico. Como toda escultura dominante la verbalización  macrista es violenta y a su vez caníbal.

La narración no implica un significante vacío sino que denota la vocación política del gobierno. El cinismo como reafirmación del Yo gubernamental es la imposición del amo. El relato describe una realidad que es la realidad de Mauricio Macri a razón de forzar los índices en el escenario social. Dicha narración, carente de sentido argumentativo, busca legitimidad entre el núcleo duro de los votantes de Cambiemos.

Sin embargo la crisis económica encierra a la gestión neoliberal en su propio laberinto. Si bien la derecha gobernante contiene los clichés de la derecha pos-moderna se encuentra a contramano del proceso internacional. En ese sentido cierto sector de la izquierda y el progresismo tampoco han vislumbrado el presente global de manera lúcida. Allí la intoxicación mediática es potente. 

Macri esgrime una narración sostenida en la ficción discursiva. Una vez más el empresario apela a la moral de la mayoría como una instancia universal de su sentido discursivo en función de encontrar legitimidad en su enunciación. Es una operación básica del capitalismo neoliberal en éste proceso y para ello se nutre de expresiones que no le son propias y que en otro momento histórico hasta le podrían resultar antagónicas. 

“Cualquier universalidad que pretenda ser hegemónica debe incorporar al menos dos componentes específicos: el contenido popular “auténtico” y la “deformación” que del mismo producen las relaciones de dominación y explotación”, expresa el pensador Slavoj Žižek. Es por ello que el fraseo discursivo de Macri tiene resonantes tintes demagógicos. Sobre todo cuando pretende esbozar un atisbo de esperanza en medio de una crisis profunda, de la cual aun no se conocen las verdaderas consecuencias. 

Por último es el mismo Žižek el que echa luz sobre la noción del sentido discursivo de Mauricio Macri: “La “legibilidad” no implica tan sólo una relación entre infinidad de narraciones y/o descripciones en conflicto y una relación en la que se acaba imponiendo la narración que mejor “se ajuste” a la realidad, sino que la relación es circular y auto-referencial: la narración pre-determina nuestra percepción de la “realidad” “. 

En éste contexto al CGT rechazó el acuerdo del Gobierno con el FMI y advirtió que esta situación llevará al campo social al conflicto infinito. La historia del Fondo Monetario Internacional con Argentina es harto conocida por el Movimiento Obrero y en ese sentido no hay lugar para especulaciones. El mensaje de la CGT irrumpe, también, contra el voluntarismo ideológico, tanto de derecha como de izquierda. Sobre todo porque la lectura del diagnóstico presente, en relación al pasado, no es lineal y es ante todo política.

El gobierno no tiene intención de ponerle freno a la crisis. En su convicción política e ideológica agudiza el malestar social y acelera el proceso de caducidad del modelo. Lo que ha quedado expuesto, durante la conferencia de este miércoles, no es la inutilidad del gobierno, lo cual no es más que una expresión moral, sino la racionalidad cínica de la gestión. Un hecho político del realismo capitalista. El coto a este avance violento y hostil contra la clase trabajadora lo pone el propio Movimiento Obrero pero sin la madurez del campo político ello aun no alcanza.

 

*Director de AGN Prensa Sindical

Periodista de La Señal Medios/ Radio Gráfica: Palabra Sindical – Puerto Base.

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