Opinión

Represión y presupuesto: El poder del perro.

*Por Gustavo Ramírez

Con 138 votos a favor y 103 en contra el Gobierno obtuvo que la Cámara de Diputados le diera media sanción al proyecto de Ley del Presupuesto 2019.  Las presiones políticas y la incapacidad de articulación política global, por parte de la oposición, son algunos de los factores que determinaron la elección. Durante la jornada del último miércoles el Movimiento Obrero Organizado salió a la calle para manifestar su repudio contra dicho proyecto, la respuesta social del gobierno fue, nuevamente, la represión.

Pasadas las 14 horas del miércoles el grueso de las columnas de los sindicatos no había llegado a Plaza Congreso. Para entonces un grupo minúsculo de personas intentó derribar las vallas de contención montadas por la policía en la inmediaciones del recinto. Este grupo quedó aislado dado que las organizaciones  que los rodeaban se abrieron de inmediato. Lo cual reflejó que la maniobra era obvia. La movida comenzó, cronométricamente, cuando dentro del recinto comenzó a disertar el bloque de diputados opositores. Vaciar la calle fue la consigna.

La columna del Frente Sindical Para el Modelo Sindical quedó, sin poder avanzar, sobre la intersección de las avenidas Entre Ríos y Belgrano. Sobre la Avenida de Mayo pasó lo mismo, allí quedaron parte de las columnas de la Corriente Federal por un lado y de gremios de la CGT por el otro. Adelante, se plagaban las organizaciones de izquierda. La Infatería de la policía de la Ciudad y Prefectura avanzó a escopetazo limpio contra los manifestantes, el odio visceral de la fuerza se hacía carne en cada disparo.

Gases y disparos dispersaron a la columnas que quedaban al frente. Las motos de policías con el rostro cubierto y armados para ir a la guerra barrían la zona con la violencia cobarde del funcionario público que se sabe impune para efectuar cualquier tropelía. Una vez ganada la zona de Congreso comenzó la cacería brutal de militantes. No fueron incidentes, nunca lo son, fue represión. El imperativo social de la fuerza para el neoliberalismo financiero.

Sobre la calle Hipólito Yrigoyen un agente perdió su arma reglamentaria. “Fue uno de los de las motos”, expresó un testigo ocasional. El arma yacía inerme en el piso. De inmediato un policía de la Ciudad, escoltado por dos de sus compañeros y un oficial, llegó para recoger el arma con prisa y a los gritos. Su oficial superior, eso parecía por las ordenes que indicaba, le indicó “escondela, escondela”. El que tomó el arma se la pasó con sigilo a uno de sus escoltas, este la escondió rápidamente entre su capa de lluvia. Desde el handy del otro policía se escuchó un reclamo: “Necesitamos detenidos”. La llovizna no logró amenguar los efectos del gas que gravitaba en al aire. Los policías, arrogantes, provocadores y cobardes, mantenían una actitud amenazante y se refugiaron detrás de las vallas.

Los Infantes no cedieron en su violencia. Ya no es solo el factor de la obediencia debida el que los mueve. Existe un convencimiento ideológico de que el manifestante es un enemigo. Y el policía goza en la represión. Una reacción patológica de una constancia política. La persecución, la cacería amplio el territorio, hubo manifestantes arrestados en Constitución, lejos ya de Congreso. Para entonces las columnas más importantes estaban dispersas. El gobierno había logrado una vez más su objetivo, romper la movilización. Más tarde los periodistas cómplices del régimen se encararon de armar el relato que justifica la represión.

Este gobierno le garantizó a la fuerza represiva la impunidad para avanzar con violencia. Por ende es un gobierno violento, en un sistema violento. El ataque es sistemático contra la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales. El desafío persiste, sobre todo porque el cuerpo, los heridos, los detenidos, los pone siempre el miso lado. Quienes aun se mantienen abrigados en sus casas y elevan juicios de valor desde las redes sociales se intoxican con aquello que critican . Al sacar conclusiones sobre diagnósticos errados operan como elementos funcionales al modelo.

El campo político nacional tiene mucho para reflexionar.  Sobre todo a la hora de articular alianzas dentro del recinto. La ausencia de conducción estratégica es un problema para afianzar esa articulación. Mientras tanto el Movimiento Obrero vuelve a poner el lomo en las calles, contiene, soporta y demuestra estar más unido que el campo político pero esa unidad no es monolítica. Sin embargo, a diferencia del ámbito político, el sindicalismo no se queda contenido en la denuncia moral y vacía. Claro que esto no es suficiente, sobre todo porque ha llegado el momento de profundizar el debate interno. El Movimiento Sindical tiene que discutir  que CGT se necesita para diezmar el poder del perro y disputar poder social en el campo de la batalla política.

 

*Director Periodístico de AGN Prensa Sindical

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